Hay palabras que no se limitan a describir lo que ocurre. Un «sí», un «no», «hasta aquí», «acepto», «renuncio» o «voy a pedir ayuda» pueden modificar compromisos, relaciones y cursos de acción.
Desde la ontología del lenguaje, esta es una de las funciones generativas del lenguaje: al hablar no solo describimos; también realizamos acciones lingüísticas.
¿Qué es una declaración?
En el marco ontológico conviene distinguir una afirmación de una declaración. Una afirmación pretende describir algo que puede contrastarse: «la reunión empieza a las diez». Una declaración no funciona del mismo modo: establece una posición o inaugura una situación dentro de un determinado ámbito de autoridad y compromiso.
Cuando una persona dice «no continuaré aceptando estas condiciones», la frase no garantiza lo que ocurrirá después. Pero puede modificar la manera en que se posiciona y las acciones que está dispuesta a emprender.
El lenguaje es generativo, pero no mágico
En coaching ontológico se utiliza la expresión «el lenguaje genera realidad». Conviene entenderla dentro de este marco: nuestras palabras pueden crear compromisos, acuerdos, promesas, peticiones, ofertas, distinciones y nuevas coordinaciones de acción entre personas.
No significa que una frase pueda producir cualquier resultado externo. Declarar «voy a conseguir ese trabajo» no obliga al mercado laboral a responder como deseamos. Una declaración adquiere valor cuando se conecta con acciones, competencias, conversaciones y circunstancias.
Declaraciones que pueden cambiar nuestro campo de acción
Algunas declaraciones especialmente relevantes en la tradición ontológica son:
- «No»: delimita aquello que no aceptamos o no estamos dispuestos a hacer.
- «Sí»: expresa aceptación y puede generar un compromiso.
- «No sé»: puede abrir un espacio de aprendizaje cuando dejamos de fingir certeza.
- «Me equivoqué»: permite revisar una acción y, cuando corresponde, reparar.
- «Necesito ayuda»: transforma un problema privado en una petición posible.
- «Basta» o «hasta aquí»: puede marcar un límite y exigir acciones coherentes con él.
Autoridad y legitimidad
No todas las declaraciones tienen el mismo efecto simplemente porque sean pronunciadas. Algunas requieren autoridad reconocida. Un juez puede declarar una situación jurídica; una organización puede declarar aprobado un proyecto; dos personas pueden aceptar determinados compromisos dentro de su relación.
Esta distinción es importante porque evita convertir el poder declarativo en pensamiento mágico: la eficacia de una declaración depende también del contexto, la autoridad, los compromisos y las acciones que la acompañan.
Declarar no sustituye hacer
Una declaración puede abrir una posibilidad, pero después necesita sostenerse en conducta. «Voy a cuidar más mi salud» sigue siendo una intención si no se traduce en decisiones concretas. «Quiero cambiar de trabajo» puede abrir una conversación distinta, pero necesita investigación, aprendizaje, contactos, candidaturas o cualquier otra acción adecuada a la situación.
En coaching podemos explorar precisamente esa distancia entre lo que declaramos y las prácticas con las que lo sostenemos.
Preguntas para observar tus declaraciones
- ¿Qué declaración importante estás evitando?
- ¿Qué «no» necesitas pronunciar o sostener?
- ¿Dónde necesitas declarar «no sé» para poder aprender?
- ¿Qué petición no estás haciendo?
- ¿Qué has declarado pero todavía no estás respaldando con acciones?
- ¿Tienes autoridad para realizar esa declaración o necesitas una conversación con otras personas?
Desde la mirada ontológica, las palabras pueden abrir y cerrar posibilidades porque forman parte de nuestra manera de coordinarnos, comprometernos y actuar. Su poder no está en repetirlas, sino en la realidad relacional y práctica que somos capaces de construir alrededor de ellas.
Si quieres trabajar una conversación, una decisión o un compromiso desde esta perspectiva, puedes conocer mis sesiones de coaching online.
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