Doomscrolling y TDAH: cómo dejar de deslizar sin control

Abres el teléfono para comprobar una noticia y, cuarenta minutos después, sigues desplazándote entre conflictos, catástrofes, polémicas y predicciones inquietantes. No estabas buscando entretenimiento. Intentabas comprender qué ocurre, reducir la incertidumbre o asegurarte de que no se te escapaba algo importante. Sin embargo, terminas más activado y con menos capacidad para volver a lo que estabas haciendo.

El doomscrolling describe el consumo repetitivo y difícil de detener de noticias o contenidos negativos en internet. No equivale a pasar mucho tiempo en redes sociales ni convierte cualquier uso intensivo del móvil en una adicción. El elemento central es una secuencia: información amenazante, necesidad de seguir comprobando y ausencia de un punto natural de cierre.

Qué sabemos sobre doomscrolling y TDAH

La investigación sobre doomscrolling es reciente y se ha realizado principalmente en población general. Algunos estudios encuentran asociaciones con menor bienestar, mayor malestar psicológico y fijación en contenidos negativos. Estas investigaciones son, en buena parte, correlacionales: permiten identificar relaciones, pero no demuestran que el doomscrolling cause por sí solo ansiedad, depresión o trauma.

La relación específica con el TDAH está menos estudiada. Sí existe evidencia de una asociación entre síntomas de TDAH y uso problemático de internet o redes sociales, especialmente cuando intervienen impulsividad, dificultades para detener una actividad y búsqueda continua de novedad. La dirección no está completamente aclarada: una mayor dificultad ejecutiva puede favorecer el uso descontrolado, y un uso digital desestructurado puede agravar el sueño, la distracción o el incumplimiento de tareas.

Por eso conviene evitar dos explicaciones simplistas: «el algoritmo controla mi cerebro» y «si tuviera fuerza de voluntad, lo dejaría». Las plataformas están diseñadas para prolongar la permanencia, pero la respuesta práctica consiste en modificar el entorno, concretar el propósito y crear finales visibles.

Por qué resulta tan difícil detenerse

  • La amenaza promete información relevante. La mente interpreta que la siguiente noticia podría ayudarte a estar preparado.
  • El desplazamiento no tiene final. No existe una última página que indique que la consulta ha terminado.
  • La novedad cambia en segundos. Cada contenido ofrece una recompensa distinta e imprevisible.
  • Consultar reduce momentáneamente la incertidumbre. El alivio dura poco y favorece una nueva comprobación.
  • El móvil está disponible en cualquier transición. Aparece al esperar, evitar una tarea, acostarse o sentirse incómodo.

Antes de limitarlo, observa tu patrón

Durante varios días registra cinco datos sencillos: qué estabas haciendo antes de abrir el teléfono, qué querías comprobar, cuánto tiempo permaneciste, cómo te sentiste al terminar y qué actividad quedó desplazada. El objetivo no es contar minutos con precisión obsesiva, sino descubrir la función del comportamiento.

No necesita la misma intervención quien consulta noticias por ansiedad que quien entra en la red para evitar una tarea aburrida. En un caso puede ser prioritario reducir la exposición a contenidos amenazantes; en otro, facilitar el inicio de la actividad que estaba posponiendo.

Un sistema para recuperar el control

1. Define ventanas de información

Elige uno o dos momentos concretos para informarte y decide de antemano cuánto durarán. Una ventana de veinte minutos después de comer es más clara que la intención abstracta de «mirar menos el móvil».

2. Elige fuentes y propósito

Entrar en un medio concreto para conocer la evolución de una noticia genera menos dispersión que abrir un flujo algorítmico. Antes de empezar, formula una pregunta: «¿Qué necesito saber?». Cuando la respuesta está obtenida, la consulta ha terminado.

3. Añade fricción

Retira las aplicaciones de la pantalla principal, cierra la sesión, desactiva notificaciones que no requieren respuesta y bloquea temporalmente las plataformas en los horarios más vulnerables. La fricción no elimina la libertad; crea unos segundos para recordar qué habías decidido.

4. Construye una señal de cierre

Programa un temporizador y define la conducta posterior: dejar el teléfono en otra habitación, preparar la ropa del día siguiente, caminar o volver a una tarea concreta. El final debe incluir un movimiento observable, no depender de «sentir que ya es suficiente».

5. Protege la última parte del día

El problema nocturno no se reduce a la luz de la pantalla. También influye la activación emocional, la pérdida de noción del tiempo y el retraso voluntario de la hora de dormir. Establece un punto a partir del cual no consultas noticias y deja preparado un contenido alternativo menos activador.

6. Revisa sin buscar perfección

Comprueba semanalmente cuánto tiempo recuperas, qué situaciones siguen siendo difíciles y qué medida ha funcionado. Un día de uso excesivo no invalida el sistema. Interesa reducir la frecuencia, la duración y el coste, no demostrar un autocontrol impecable.

Cuándo conviene pedir ayuda

El doomscrolling puede formar parte de un problema más amplio cuando se acompaña de ansiedad intensa, síntomas depresivos, alteraciones graves del sueño, recuerdos traumáticos, aislamiento o incapacidad para cumplir responsabilidades básicas. En esas situaciones, la prioridad es una valoración clínica. El coaching no trata una adicción, un trastorno de ansiedad o un episodio depresivo.

Dentro de un marco adecuado, el coaching puede ayudarte a diseñar límites digitales, reducir fricciones para iniciar tareas, revisar los disparadores y sostener un experimento semanal. Puedes conocer mi enfoque de coaching para adultos con TDAH o solicitar una primera conversación de valoración.

Referencias


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