«¿Me entiendes?» es una pregunta cotidiana. Puede ser una forma perfectamente legítima de comprobar si hemos conseguido explicarnos. Pero también puede esconder una suposición incómoda: que nosotros ya hemos hablado con claridad y que, si el otro no ha entendido, el problema está en su capacidad para comprender.
Una conversación mejora cuando sustituimos esa certeza por otra pregunta:
¿qué responsabilidad tengo yo en que podamos construir una comprensión suficientemente compartida?
Entender no depende únicamente de quien escucha
Cuando hablamos solemos conocer el contexto de lo que queremos explicar. Sabemos qué pasó antes, qué estamos dando por supuesto, qué palabras utilizamos habitualmente y qué intención tenemos.
La otra persona no dispone necesariamente de ese mapa.
Por eso algo que para nosotros parece evidente puede resultar ambiguo para quien escucha. No significa que debamos explicar cada detalle ni responsabilizarnos de cualquier interpretación ajena. Significa reconocer que comunicar no consiste únicamente en emitir un mensaje.
También necesitamos comprobar qué significado se está construyendo al otro lado.
«¿Me entiendes?» puede significar cosas muy diferentes
La frase no es problemática por sí misma. Su sentido depende del contexto, el tono y la relación.
Puede significar:
- «quiero comprobar si me he explicado bien»;
- «necesito saber si compartes la información»;
- «quiero que reconozcas mi punto de vista»;
- «me estoy frustrando porque no reaccionas como esperaba»;
- «considero que esto es tan evidente que no entiendo cómo puedes discrepar».
La última variante es especialmente interesante porque confunde comprensión con acuerdo.
Una persona puede entender perfectamente lo que queremos decir y seguir pensando de otra manera.
Comprender no es estar de acuerdo
En conversaciones difíciles solemos buscar dos cosas a la vez: ser comprendidos y conseguir que la otra persona acepte nuestra interpretación.
Cuando no sucede lo segundo podemos concluir que «no nos ha entendido».
Pero entender y compartir una posición son procesos distintos.
Puedo comprender por qué consideras injusta una decisión y seguir defendiendo que era necesaria. Puedo entender que necesitas más tiempo y mantener un límite. Puedo escuchar tu explicación y continuar viendo los hechos de otra manera.
Esta distinción reduce una fuente frecuente de conflicto: repetir cada vez con más intensidad una explicación que el otro ya ha comprendido pero no comparte.
Escuchar nuestra propia certeza
Desde una mirada ontológica, una conversación no está formada solo por las palabras pronunciadas. Cada persona escucha desde sus interpretaciones, experiencias y expectativas.
Quien habla también tiene un observador.
Podemos entrar en una conversación con juicios como:
«esto es obvio».
«si fuera razonable, lo entendería».
«ya se lo he explicado tres veces».
«no quiere entender».
Tal vez alguno sea correcto. Pero antes de convertirlo en conclusión conviene comprobar si estamos explicando la misma cuestión, utilizando las mismas distinciones y hablando realmente del mismo problema.
De “¿me entiendes?” a preguntas más útiles
No necesitamos prohibir la frase. Podemos enriquecerla con preguntas que produzcan información.
Por ejemplo:
- «¿Qué has entendido de lo que intento explicar?» permite detectar diferencias sin exigir una respuesta de sí/no.
- «¿Qué parte no está clara?» ayuda a localizar el punto de confusión.
- «¿En qué punto no estamos de acuerdo?» distingue comprensión de discrepancia.
- «¿Qué información te falta?» convierte la conversación en una búsqueda concreta.
- «¿Cómo lo estás viendo tú?» nos obliga a escuchar un marco diferente del nuestro.
La utilidad está en pasar de comprobar obediencia a comprobar significado.
Explicar mejor también exige humildad
Hay una forma de humildad conversacional que consiste en aceptar tres posibilidades:
- quizá no me he explicado suficientemente bien;
- quizá estoy utilizando categorías que el otro no comparte;
- quizá el otro me ha entendido y, simplemente, discrepa.
Ninguna obliga a abandonar nuestra posición.
Humildad no significa dudar de todo ni dar la misma validez a cualquier interpretación. Significa reconocer que nuestra claridad interna no garantiza claridad interpersonal.
Cuando existe una relación de poder
La responsabilidad de construir comprensión resulta todavía más importante cuando una persona tiene más poder formal que otra.
Un responsable puede decir «lo dejé clarísimo» y atribuir un incumplimiento a quien recibió la instrucción. Pero si varias personas interpretaron de manera diferente el objetivo, el plazo o el criterio de calidad, quizá el problema no sea solo individual.
En equipos de trabajo conviene comprobar acuerdos mediante elementos observables:
- qué se hará;
- quién asume la responsabilidad;
- para cuándo;
- qué condiciones o recursos existen;
- cómo sabremos que el compromiso está cumplido.
La comunicación no termina cuando hablamos. Termina, provisionalmente, cuando existe suficiente coordinación para actuar.
Una práctica sencilla
La próxima vez que aparezca «¿me entiendes?», prueba esta secuencia:
- pregunta qué ha entendido la otra persona;
- escucha sin corregir inmediatamente;
- distingue si existe confusión o desacuerdo;
- explica solo la parte que necesita aclaración;
- pide después la perspectiva del otro.
Puede parecer más lento que repetir nuestra explicación. Muchas veces evita conversaciones mucho más largas.
Entendernos es una construcción compartida
No podemos controlar cómo interpreta otra persona todo lo que decimos. Tampoco somos responsables de cualquier malentendido.
Sí podemos asumir una parte de responsabilidad por la calidad de la conversación: explicar, preguntar, escuchar, comprobar y reconocer cuándo el problema ya no es comprensión, sino diferencia de intereses o criterios.
Puedes ampliar la dimensión de la escucha en Escucha activa: comprender antes de responder y la preparación de desacuerdos en Conversaciones difíciles.
Una pregunta final:
cuando alguien no responde como esperabas, ¿estás seguro de que no te ha entendido o puede que te haya entendido y esté viendo la situación de otra manera?
Si quieres trabajar una conversación, un desacuerdo o un problema de coordinación concreto, puedes conocer cómo trabajo en coaching personal y profesional o solicitar una primera conversación de valoración.
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