El silencio puede ser una práctica útil cuando necesitamos reducir estímulos, ordenar una conversación interna o prestar atención a algo que estamos pasando por alto. No tiene por sí mismo un poder transformador, pero puede crear condiciones para observar mejor y responder con menos automatismo.
Silencio no significa ausencia de pensamiento
Buscar unos minutos de silencio no implica vaciar la mente ni alcanzar un estado especial. Pueden aparecer preocupaciones, recuerdos, ideas, emociones o simplemente aburrimiento. La práctica consiste en disponer de un espacio con menos interferencias externas para notar qué está ocurriendo.
En coaching, esta pausa puede ayudar a distinguir entre hechos, juicios, emociones y decisiones pendientes.
Silencio y escucha
Desde una mirada ontológica, escuchar no es solo permanecer callado mientras el otro habla. Escuchamos siempre desde nuestras interpretaciones, expectativas y juicios. El silencio puede ayudarnos a demorar la respuesta automática y comprobar si estamos comprendiendo al otro o únicamente preparando nuestra réplica.
Una pausa breve en una conversación puede abrir preguntas como: ¿qué he escuchado realmente?, ¿qué estoy interpretando?, ¿qué no he preguntado todavía?
Silencio para observar al propio observador
Cuando reducimos estímulos podemos notar con más claridad el lenguaje que utilizamos internamente, la emoción desde la que estamos mirando una situación y la disposición corporal que la acompaña. Esto no revela una “verdadera esencia” escondida. Ofrece información sobre el observador que estamos siendo en ese momento.
Por ejemplo, ante una decisión profesional, unos minutos sin mensajes ni pantallas pueden permitir distinguir entre una preocupación concreta, un juicio sobre nuestra capacidad y una conversación que estamos evitando.
No todo silencio ayuda
El silencio también puede convertirse en evitación. Callar una necesidad, no pedir ayuda, retirarse de conversaciones importantes o aislarse no equivale a reflexionar. A veces la acción adecuada no es guardar silencio, sino hablar.
Por eso conviene preguntarse qué función está cumpliendo la pausa: ¿me ayuda a observar y decidir o estoy utilizando el silencio para no afrontar algo?
Una práctica sencilla
- Reserva entre cinco y diez minutos sin notificaciones ni tareas paralelas.
- Observa qué tema ocupa espontáneamente tu atención.
- Distingue qué parte son hechos y qué parte son interpretaciones.
- Nombra la emoción predominante sin intentar cambiarla.
- Pregúntate qué conversación, decisión o acción requiere ahora atención.
No necesitas obtener una gran revelación. A veces el resultado más útil es simplemente identificar con mayor precisión qué está pendiente.
Silencio y coaching
El silencio también forma parte de una conversación de coaching. Una pregunta puede necesitar tiempo antes de ser respondida. Llenar inmediatamente cada pausa puede impedir que la persona elabore una respuesta propia.
En este sentido, el silencio no es ausencia de trabajo. Puede ser un espacio donde el observador organiza lo que acaba de distinguir y decide qué quiere hacer con ello.
La pregunta final puede ser muy sencilla: ¿qué aparece cuando dejas de llenar inmediatamente el espacio con respuestas?
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