Las emociones no son solo algo que «sentimos por dentro». También modifican nuestra manera de mirar una situación y las acciones que, en ese momento, nos parecen disponibles.
Cuando tenemos miedo podemos tender a protegernos, evitar o prepararnos. Desde la rabia puede aparecer con más fuerza la confrontación o la defensa de un límite. La curiosidad facilita explorar; la esperanza permite seguir buscando alternativas cuando el resultado todavía no está decidido.
Esta forma de observar la emocionalidad ocupa un lugar importante en el coaching ontológico: las emociones y los estados de ánimo pueden entenderse como disposiciones para la acción. No determinan automáticamente lo que haremos, pero participan en el repertorio de posibilidades que vemos.
La misma situación, acciones diferentes
Imagina que recibes una invitación para asumir una responsabilidad profesional nueva.
Ante el mismo hecho pueden aparecer experiencias muy distintas:
- desde el entusiasmo quizá pienses en lo que puedes aprender;
- desde el miedo puedes fijarte sobre todo en lo que podrías perder;
- desde la resignación quizá concluyas que nada cambiará realmente;
- desde la curiosidad pueden surgir preguntas que antes no habías considerado;
- desde la serenidad quizá puedas revisar ventajas y costes con más perspectiva.
Ninguna de estas emociones contiene por sí sola «la decisión correcta». El miedo puede advertir de un riesgo real; el entusiasmo puede hacernos minimizar dificultades. Lo útil es observar qué mundo de acciones abre y cierra cada disposición emocional.
Esta idea conecta con una de las distinciones centrales del coaching ontológico: no actuamos únicamente a partir de los hechos, sino desde el observador que estamos siendo ante ellos.
Emoción y estado de ánimo no son exactamente lo mismo
En el lenguaje cotidiano utilizamos ambos términos casi como sinónimos. Desde la tradición ontológica suele resultar útil diferenciarlos.
Una emoción aparece habitualmente vinculada a algún acontecimiento que podemos identificar: recibo una noticia y siento alegría; alguien traspasa un límite y aparece enfado; surge una amenaza y siento miedo.
Un estado de ánimo puede instalarse de forma más difusa y convertirse en el trasfondo desde el que interpretamos muchas situaciones. Resignación, resentimiento, serenidad o ambición pueden teñir durante un periodo más amplio nuestra manera de observar lo que sucede.
Esta distinción es un marco de trabajo, no una clasificación clínica. Sirve para conversar y observar patrones, no para diagnosticar estados psicológicos.
Barbara Fredrickson: ampliar y construir
La psicóloga Barbara Fredrickson propuso el modelo de ampliación y construcción de las emociones positivas. Su planteamiento resulta especialmente interesante cuando lo ponemos en diálogo con la idea ontológica de disposición para la acción.
Según este modelo, determinadas emociones agradables pueden ampliar temporalmente el repertorio de pensamientos y acciones. La curiosidad invita a explorar. La alegría favorece juego y conexión. El interés puede estimular aprendizaje. A lo largo del tiempo, esas experiencias pueden contribuir a construir recursos personales y sociales.
No significa que las emociones positivas sean siempre mejores ni que debamos producirlas a voluntad. Tampoco significa que las emociones desagradables «cierren la mente» de una forma universal. Ante una amenaza real, reducir el campo de atención puede ser precisamente una respuesta útil.
La aportación interesante está en reconocer que emocionalidad y posibilidad de acción están relacionadas.
No necesitamos convertir la vida emocional en una lucha entre positivo y negativo
La clasificación entre emociones positivas y negativas puede resultar cómoda, pero también engañosa.
El miedo puede proteger. La tristeza puede ayudarnos a reconocer una pérdida. La culpa puede movilizar reparación. La indignación puede señalar una injusticia. Del mismo modo, el entusiasmo puede llevarnos a asumir compromisos imposibles y una serenidad mal entendida puede convertirse en pasividad.
Por eso prefiero preguntar:
¿qué me permite hacer esta emoción y qué me dificulta hacer?
La respuesta depende de la situación, de la intensidad y de la relación que tengamos con esa experiencia.
En Emociones positivas y negativas: no necesitas un ratio perfecto desarrollo por qué el bienestar no consiste en mantener una contabilidad emocional favorable.
Resignación y resentimiento: cuando un estado de ánimo estrecha el futuro
Dos distinciones clásicas del coaching ontológico son especialmente útiles para comprender la relación entre emoción y acción.
En la resignación aparece con frecuencia una interpretación: «esto no puede cambiar» o «no hay nada que hacer». Puede haber circunstancias efectivamente inmodificables, pero también situaciones en las que el observador ha dejado de distinguir acciones posibles.
El resentimiento suele estar relacionado con una promesa, expectativa o situación que consideramos injusta y que permanece abierta. Puede mantenernos vinculados durante mucho tiempo a una conversación sobre lo que debería haber ocurrido.
No se trata de decirle a una persona que «abandone» esos estados ni de responsabilizarla de condiciones injustas. Una pregunta más respetuosa es comprobar qué parte de la situación no puede cambiarse, qué conversación puede estar pendiente y qué capacidad de acción sigue disponible.
Serenidad no significa ausencia de problemas
La serenidad resulta interesante porque puede ampliar la capacidad para distinguir entre aquello que podemos intervenir y aquello que debemos aceptar provisional o definitivamente.
No es una emoción que podamos ordenar: «a partir de ahora voy a estar sereno». Podemos, sin embargo, favorecer ciertas condiciones: reducir activación, disponer de información, conversar, tomar distancia temporal o dejar de mantener simultáneamente demasiados frentes abiertos.
La serenidad no elimina el dolor ni garantiza una buena decisión. Puede ofrecer un terreno diferente desde el que observar.
Un ejercicio de coaching: cartografía emocional de una decisión
Elige una decisión o conversación real. Después trabaja con cuatro disposiciones emocionales que hayas experimentado ante ella.
Para cada una responde:
- ¿Qué estoy observando desde aquí? ¿En qué aspectos se fija mi atención?
- ¿Qué juicio aparece? «Es peligroso», «no merece la pena», «puede ser una oportunidad»…
- ¿Qué acciones me resultan accesibles? Preguntar, evitar, negociar, aceptar, investigar, poner un límite, esperar.
- ¿Qué acciones dejan de aparecer?
- ¿Qué información puedo estar ignorando?
Después no elijas necesariamente la emoción «más positiva». Pregúntate qué información aporta cada disposición y desde qué lugar puedes tomar una decisión más completa.
Las emociones no son botones que el coaching deba manejar
Una lectura superficial podría convertir esta perspectiva en una técnica de rendimiento: si una emoción produce acciones poco convenientes, cambiémosla por otra.
No es esa mi manera de entenderlo.
Las emociones tienen historia, contexto y función. Algunas necesitan ser escuchadas, otras reguladas y otras acompañadas durante un tiempo. Hay situaciones en las que el malestar requiere atención psicológica o sanitaria y no una conversación de coaching.
El trabajo de coaching puede consistir en ampliar observación: reconocer qué está ocurriendo, qué posibilidades estamos viendo desde esa emocionalidad y qué conversaciones o acciones merece la pena explorar.
Dos tradiciones que pueden conversar sin confundirse
La teoría de ampliación y construcción procede de la investigación psicológica. La noción de las emociones como disposiciones para la acción pertenece al marco conceptual de la ontología del lenguaje. No son la misma teoría ni una demuestra la otra.
Ponerlas en diálogo puede, sin embargo, resultar fértil: ambas nos invitan a abandonar la idea de que las emociones son únicamente estados internos pasivos y a observar cómo participan en nuestra relación con el entorno.
Ese diálogo entre psicología, coaching y filosofía forma parte de la manera en que entiendo el acompañamiento: utilizar distintos mapas cuando ayudan a mirar mejor, sin convertir ninguno en una explicación total de la persona.
Si quieres explorar una decisión o cambio desde esta perspectiva, puedes conocer cómo trabajo en coaching personal y profesional o solicitar una primera conversación de valoración.
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