Nota de actualización (2026). Esta entrada se publicó originalmente el 21 de mayo de 2005 y fue la primera del blog de Coaching Valencia. La conservo porque forma parte de la historia del proyecto, pero la he revisado para diferenciar con claridad lo que pensaba y escribía entonces de cómo entiendo hoy la práctica profesional.
Cuando abrí este blog, una de las primeras preguntas que quería responder era sencilla: ¿qué puede aportar una conversación de coaching a una persona que quiere cambiar algo importante de su vida? Veintiún años después, la pregunta sigue vigente. Lo que ha cambiado es la precisión con la que creo que debemos responderla.
Lo que ya estaba presente en 2005
En aquella primera entrada aparecían algunas ideas que sigo considerando centrales: la autonomía del cliente, la necesidad de aclarar expectativas, la relación entre valores y objetivos, la importancia de pasar de la reflexión a la acción y la revisión de lo que ocurre entre sesiones.
La idea de fondo era que acudir a coaching no significa que «algo vaya mal» con una persona. Puede significar que existe una decisión, una transición, un bloqueo o un proyecto que conviene observar con más distancia y método.
También defendía que el cliente conduce el proceso. El profesional puede preguntar, contrastar, ayudar a ordenar información, señalar incoherencias, ofrecer marcos de trabajo y acompañar el seguimiento. Pero no debería apropiarse de las decisiones de la persona ni presentarse como alguien que conoce de antemano la respuesta correcta.
Lo que hoy formularía de otra manera
En 2005 utilizaba expresiones habituales en el coaching de aquella época: «alcanzar el éxito», «diseñar la vida que deseas», «descubrir las respuestas que llevas dentro» o «superar creencias obstaculizadoras». Hoy necesito introducir muchos más matices.
No todo objetivo depende de la voluntad. Las oportunidades laborales, la salud, los recursos económicos, las responsabilidades familiares, las relaciones de poder o las condiciones sociales pueden ampliar o reducir de forma real las alternativas disponibles. Una buena conversación profesional no debería convertir esas condiciones en un supuesto problema de actitud.
Tampoco considero que todas las respuestas estén «dentro» de la persona. A veces necesitamos información que no tenemos, formación, asesoramiento especializado, una valoración sanitaria, conocer mejor el mercado o hablar con otras personas. El autoconocimiento ayuda, pero la realidad también aporta datos que necesitamos incorporar.
Un proceso útil empieza por aclarar qué se quiere trabajar
Una de las ideas de aquella primera entrada que mantendría casi intacta es la importancia de clarificar expectativas. Antes de convertir una preocupación en un objetivo conviene comprender qué está ocurriendo.
- ¿Qué situación quieres revisar?
- ¿Qué te gustaría que fuera diferente?
- ¿Qué has intentado ya?
- ¿Qué depende de ti y qué depende de otras personas o circunstancias?
- ¿Qué información falta?
- ¿Qué coste tendría cambiar y qué coste tendría mantener la situación actual?
- ¿Qué tipo de ayuda necesitas realmente?
Estas preguntas pueden terminar en un proceso de coaching, pero también pueden llevar a concluir que no es el recurso adecuado. Esa también es una buena decisión.
Valores, objetivos y acciones: relacionados, pero no idénticos
Los valores ayudan a orientar decisiones, pero no sustituyen los objetivos concretos. Puedo valorar la autonomía y, sin embargo, tener que decidir si cambio de empleo, si negocio otras condiciones o si mantengo durante un tiempo una situación que no es ideal porque protege otras necesidades importantes.
Por eso hoy prefiero trabajar en varios niveles:
- Dirección: qué merece la pena cuidar o construir.
- Resultado: qué cambio concreto sería valioso.
- Condiciones: qué recursos, límites y responsabilidades intervienen.
- Acción: qué paso puede realizarse y observarse.
- Revisión: qué hemos aprendido del resultado y qué conviene ajustar.
El objetivo no es producir un plan perfecto, sino crear un ciclo de observación, acción y aprendizaje.
El seguimiento importa más que la motivación inicial
Otra intuición de 2005 que sigo compartiendo es que comprender algo no basta. Una conversación puede generar claridad y, aun así, no modificar la conducta. Entre saber qué quiero hacer y hacerlo aparecen hábitos, emociones, prioridades, obstáculos, otras personas y circunstancias inesperadas.
Por eso el seguimiento no debería servir para «vigilar» al cliente, sino para investigar. Si una acción no se realizó, la pregunta no es automáticamente «¿por qué no te comprometiste?». Puede ser más útil preguntar qué ocurrió, qué dificultad no habíamos previsto y qué necesitamos modificar.
Esta forma de trabajar conecta con la guía actual sobre cómo es una sesión de coaching y con el artículo sobre qué sabemos sobre la eficacia del coaching y cuáles son sus límites.
De una primera entrada a una práctica más madura
Conservar este texto no pretende demostrar que en 2005 ya tuviera todas las respuestas. Me interesa por lo contrario: permite observar una trayectoria. Algunas convicciones se han mantenido; otras se han matizado y otras han cambiado a medida que he incorporado psicología, evidencia, experiencia profesional y pensamiento crítico.
Hoy definiría mi trabajo de una forma más sobria: crear un espacio profesional para comprender mejor una situación, ampliar alternativas, tomar decisiones y convertirlas en acciones que puedan revisarse. Sin prometer resultados que no dependen exclusivamente de la persona y sin confundir coaching con tratamiento psicológico cuando este sea necesario.
Si quieres una explicación actual —no histórica— puedes consultar qué es el coaching, para qué sirve y cómo funciona. Y si estás valorando si este tipo de acompañamiento encaja con tu situación, puedes solicitar una primera conversación de valoración.
Publicación original: 21 de mayo de 2005. Texto revisado y actualizado en agosto de 2026 conservando su fecha como inicio del blog de Coaching Valencia.
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