Hay etapas en las que una persona siente que sigue adelante principalmente porque ha aprendido a aguantar. Cumple, responde, sostiene responsabilidades y continúa, aunque cada vez disponga de menos margen para preguntarse si esa manera de vivir todavía tiene sentido.
Resistir puede ser necesario. En determinadas circunstancias es una forma legítima de adaptación y protección. El problema aparece cuando una respuesta que fue útil se convierte en la única forma disponible de estar ante lo que ocurre.
Resistencia: cuando el repertorio de respuestas se estrecha
Desde una mirada de coaching podemos observar el lenguaje que acompaña esa resistencia: «tengo que poder», «no puedo fallar», «solo aguanta un poco más», «no hay otra opción».
Estas frases no son necesariamente falsas. Algunas describen exigencias reales. Otras pueden funcionar como juicios que hemos dejado de revisar. La distinción importante consiste en preguntarnos qué pertenece a las circunstancias y qué pertenece al observador desde el que estamos interpretándolas.
También podemos observar la emocionalidad y la corporalidad: cansancio, resignación, tensión, aceleración o una disposición permanente a defendernos. Desde el marco ontológico, lenguaje, emoción y cuerpo son dominios relacionados del observador. No significa que una postura corporal diagnostique un problema ni que los síntomas físicos sean mensajes psicológicos; significa que nuestra manera de estar ante una situación también tiene una dimensión corporal.
Reexistencia: una metáfora para abrir otra posibilidad
Utilizo aquí reexistencia como una metáfora: no se trata de borrar nuestra historia ni de convertirnos en otra persona, sino de preguntarnos si podemos construir una manera diferente de relacionarnos con una etapa de nuestra vida.
Puede comenzar con una declaración sencilla: «Así no quiero seguir». Desde la ontología del lenguaje, una declaración puede inaugurar un nuevo compromiso, pero no transforma por sí sola las circunstancias. Necesita conversaciones, aprendizaje y acciones que la sostengan.
Reexistir puede significar revisar un juicio, pedir ayuda, establecer un límite, renegociar un compromiso, abandonar una expectativa, aprender una competencia o aceptar una condición que no podemos cambiar.
Del «aguanto» al «elijo», cuando existe elección
Conviene introducir aquí una precisión importante. No siempre podemos elegir las circunstancias. Hay obligaciones económicas, responsabilidades familiares, enfermedad, desigualdades, pérdidas y decisiones de otras personas que limitan nuestro margen de acción.
Por eso el paso del «aguanto» al «elijo» no consiste en fingir que todo depende de nosotros. Consiste en identificar qué margen de elección existe realmente dentro de una situación concreta.
Tres movimientos para explorar otra manera de estar
- Nombrar el quiebre. ¿Qué ha dejado de funcionar o qué ya no quieres seguir sosteniendo de la misma manera?
- Revisar al observador. ¿Qué afirmaciones, juicios, emociones y disposiciones corporales aparecen cuando hablas de esta situación? ¿Qué límites son hechos y cuáles son interpretaciones que conviene contrastar?
- Diseñar una acción. ¿Qué conversación, petición, límite, aprendizaje o pequeña decisión permitiría obtener nueva información?
Resistir también puede ser una elección digna
No toda resistencia debe transformarse. A veces atravesar una etapa difícil exige sostener temporalmente algo que no podemos resolver todavía. El coaching no debería convertir el cambio permanente en una obligación.
La pregunta es más concreta: ¿estoy sosteniendo esto porque responde a una decisión que todavía considero válida o porque ya no distingo otra posibilidad?
Cuando el problema requiere algo distinto del coaching
Si detrás de la sensación de «solo estoy sobreviviendo» hay depresión, desesperanza persistente, trauma, ansiedad intensa, agotamiento grave o un deterioro importante del funcionamiento, conviene realizar una valoración psicológica o sanitaria. No todo malestar debe reinterpretarse como un quiebre de aprendizaje.
Reexistir, como metáfora de coaching, no significa empezar de cero. Puede significar algo bastante más modesto y realista: recuperar suficiente capacidad de observación y acción para decidir cómo queremos responder a lo que sí está ocurriendo.
Una pregunta para cerrar: ¿qué estás resistiendo porque hoy es necesario y qué estás sosteniendo simplemente porque todavía no has revisado la posibilidad de hacerlo de otra manera?
Si esta reflexión conecta con una etapa de cambio personal o profesional, puedes ampliar la mirada con la guía sobre qué puede haber detrás de la sensación de estar estancado y con el artículo sobre cómo cerrar una etapa sin negar lo vivido. Si quieres trabajar una situación concreta, puedes conocer cómo trabajo en coaching o solicitar una primera conversación de valoración.
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