Revelar tu propia película

Hay ideas que repetimos durante años sin recordar cuándo empezamos a creerlas. «No sirvo para esto», «hay que poder con todo», «si decepciono a alguien, estoy haciendo algo mal», «a estas alturas ya no puedo cambiar». Algunas nacen de experiencias propias; otras se forman a partir de mensajes familiares, culturales o profesionales que hemos escuchado muchas veces.

Con el tiempo, esas ideas pueden acabar funcionando como una película ya revelada: miramos lo que ocurre y tendemos a interpretarlo desde imágenes antiguas. El problema no es haber aprendido de otros. Todos construimos nuestra manera de ver el mundo así. La cuestión es comprobar si esas creencias siguen describiendo bien nuestra vida actual o si estamos obedeciendo una versión de nosotros mismos que ya necesita revisión.

Una creencia no es lo mismo que un hecho

Una creencia puede contener parte de verdad y, aun así, resultar demasiado amplia. Haber fracasado en un proyecto no demuestra que «siempre fracaso». Haber vivido una relación difícil no permite concluir que «no se puede confiar en nadie». Haber aprendido a priorizar a los demás tampoco significa que cuidar tus propias necesidades sea egoísmo.

En coaching resulta útil separar tres niveles: qué ocurrió, qué interpretación hiciste y qué conducta aparece cuando das esa interpretación por cierta. Esa distinción evita discutir durante horas sobre si una idea es «positiva» o «negativa» y permite observar algo más práctico: qué efecto tiene hoy sobre tus decisiones.

¿De quién es esta voz?

Cuando aparece una frase muy automática, prueba a detenerte un momento. No para buscar culpables en el pasado, sino para comprender de dónde procede.

  • ¿Qué experiencia concreta sostiene esta idea?
  • ¿La aprendiste de alguien o la dedujiste tú?
  • ¿En qué situaciones parece cierta y en cuáles no?
  • ¿Qué haces cuando la tomas como una verdad completa?
  • ¿Qué posibilidad descartas por anticipado?

A veces descubrimos que una creencia tuvo una función útil. «No molestes», por ejemplo, quizá ayudó en un entorno donde pedir demasiado generaba conflicto. El problema aparece cuando la misma regla sigue operando décadas después en contextos donde pedir ayuda, negociar o poner un límite sería perfectamente razonable.

No necesitas sustituir una creencia por una frase bonita

Una revisión útil no consiste en pasar de «pedir ayuda es de débiles» a «pedir ayuda es maravilloso». Ese cambio puede sonar bien y no modificar nada. Resulta más interesante formular una hipótesis que puedas comprobar: «En algunas situaciones pedir ayuda puede ser una conducta competente».

Después viene la parte que suele aportar más información: probarlo.

Pide una ayuda concreta. Formula una petición que normalmente evitarías. Descansa una tarde si llevas años asociando descanso con pereza. Presenta una idea aunque todavía no esté perfecta. Observa qué ocurre realmente, no lo que tu antigua película anticipaba que ocurriría.

Un ejercicio: revisar una escena de tu película

  1. Elige una creencia que esté influyendo en una decisión actual. Escríbela exactamente como aparece en tu cabeza.
  2. Busca los hechos. Anota experiencias que parecen confirmarla y otras que no encajan con ella.
  3. Observa su efecto. ¿Qué haces, evitas o pospones cuando la crees completamente?
  4. Formula una alternativa más precisa. No tiene que ser optimista; basta con que describa mejor la realidad.
  5. Diseña una prueba pequeña. Haz algo durante la próxima semana que permita obtener información nueva.

La prueba es importante porque algunas creencias sobreviven precisamente porque nunca las contrastamos. Si siempre evitas hablar por miedo a parecer incompetente, nunca obtienes información sobre qué ocurre cuando intervienes. Si siempre aceptas una petición para no decepcionar, nunca compruebas cómo responde la relación cuando dices que no.

Hay creencias que no desaparecen, pero dejan de mandar

Revisar una idea no garantiza que deje de aparecer. Puedes seguir escuchando «no soy suficiente» antes de una entrevista o «debería poder solo» cuando necesitas ayuda. El cambio puede consistir en reconocer la frase como una interpretación conocida y decidir qué quieres hacer después.

Eso da más libertad que esperar a pensar siempre de la manera correcta. No necesitas una mente completamente ordenada para actuar con criterio; necesitas suficiente distancia para elegir.

¿Qué merece ser revisado ahora?

Tal vez no necesites reconstruir toda tu historia. Basta con detectar qué idea está condicionando una decisión presente y comprobar si todavía te sirve. A veces una pequeña revisión cambia una conversación, una candidatura, un límite o la forma en que te permites empezar algo nuevo.

Si llevas tiempo pensando «sé que esta idea me limita, pero no consigo salir de ella», puede ser más útil trabajar con una situación concreta que seguir acumulando explicaciones. En un proceso de coaching podemos revisar qué interpretación está pesando, qué decisión está condicionando y qué experiencia pequeña permitiría comprobar algo distinto.

No parto de darte una frase positiva ni de decirte cómo deberías pensar. La conversación busca entender tu caso y traducirlo en una acción que puedas contrastar fuera de la sesión. Si quieres ver primero si este enfoque encaja contigo, puedes conocer cómo es una sesión de coaching o solicitar una primera conversación de valoración. También puedes continuar con la entrada sobre autoconocimiento y la reflexión sobre autenticidad y valores.


Descubre más desde Ricard Guillem

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Ricard Guillem

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo