Explorar nuestras sombras: juicios, aceptación y cambio desde el coaching

Rafael Echeverría dedica en Ética y coaching ontológico un apartado a la relación entre persona y sombra, retomando una distinción procedente de Carl Gustav Jung. En la psicología analítica jungiana, la sombra se refiere a aspectos de la personalidad que tendemos a rechazar, negar o mantener fuera de la imagen consciente que sostenemos sobre nosotros mismos.

No se trata de asumir que existe una “zona oscura” literal dentro de cada persona, sino de utilizar esta distinción para observar aquello que nos cuesta reconocer: rasgos, deseos, emociones, contradicciones, errores o formas de actuar que no encajan bien con la identidad que preferimos sostener.

La sombra como distinción para observarnos

Desde Jung, la sombra forma parte del proceso de individuación: aquello que rechazamos de nosotros mismos puede seguir influyendo en nuestra conducta aunque no lo reconozcamos con facilidad. Desde una mirada de coaching, esta idea puede dialogar con la distinción ontológica entre afirmaciones y juicios.

Podemos decir «he interrumpido tres veces en esta reunión» como una afirmación susceptible de contraste. «Soy una persona egoísta» es un juicio. Explorar la sombra no exige convertir ese juicio en una verdad sobre nuestra identidad, sino preguntarnos qué conducta lo sustenta, en qué contextos aparece y qué queremos hacer con esa información.

Lo que evitamos también puede organizar nuestra conducta

A veces protegemos una determinada imagen de nosotros mismos: “soy siempre generoso”, “soy racional”, “nunca necesito a nadie”, “yo no siento envidia”. Cuando una emoción o conducta contradice esa identidad, podemos tender a justificarla, proyectarla sobre otros o simplemente no mirarla.

La pregunta no es «¿qué hay de malo en mí?», sino algo más fértil: ¿qué parte de mi experiencia estoy teniendo dificultad para reconocer?

Observador, lenguaje y sombra

En la ontología del lenguaje, Echeverría propone que cada persona actúa desde un determinado observador: una forma particular de interpretar el mundo, a los demás y a sí misma. Explorar la sombra puede entenderse como una manera de ampliar ese observador.

Si una persona sostiene el juicio «yo siempre cedo porque soy comprensiva», quizá convenga observar si también existe miedo al conflicto, necesidad de aprobación o dificultad para declarar un “no”. Incorporar esas posibilidades no invalida su comprensión; hace su observación más compleja.

Aceptar no significa aprobar

Aceptar una parte incómoda de nosotros mismos no significa justificar cualquier conducta. Podemos reconocer enfado, envidia, resentimiento, miedo o deseo de control y, al mismo tiempo, elegir no actuar de determinada manera.

La aceptación permite trabajar con lo que existe. La negación puede impedirnos siquiera verlo.

Responsabilidad sin culpabilización

Una distinción especialmente importante es separar responsabilidad de culpa. Si descubro que una conducta mía tiene consecuencias que no quiero, puedo asumir responsabilidad, reparar y aprender sin reducir toda mi identidad a ese comportamiento.

Desde el coaching, la pregunta pasa de «¿qué dice esto sobre quién soy?» a «¿qué quiero hacer ahora que puedo observarlo?».

Una práctica para explorar la sombra

  1. Piensa en un rasgo de otra persona que te provoque una reacción especialmente intensa.
  2. Pregúntate qué juicio estás haciendo sobre ella.
  3. Observa si ese rasgo aparece alguna vez, aunque sea de otra forma, en tu propia conducta.
  4. Distingue hechos, interpretaciones y emociones.
  5. Pregúntate qué parte de ti te cuesta más reconocer y qué aprendizaje podría surgir de observarla sin justificarla ni condenarla.

Este ejercicio no pretende demostrar que todo lo que criticamos en otros sea una proyección. Es una invitación a ampliar el observador y comprobar si hay algo propio que merece ser visto.

Jung y Echeverría: dos marcos que pueden dialogar

Jung desarrolla la sombra dentro de la psicología analítica y Echeverría trabaja desde la ontología del lenguaje y el coaching ontológico. No son el mismo marco ni utilizan exactamente el mismo concepto de identidad. Sin embargo, ambos ofrecen una pregunta común de gran valor: ¿qué aspectos de nuestra experiencia quedan fuera de la imagen con la que nos explicamos a nosotros mismos?

En coaching, esa pregunta puede abrir conversaciones sobre juicios, corporalidad, emocionalidad, lenguaje y acción. El objetivo no es descubrir un “yo verdadero” escondido, sino ampliar la capacidad de observarnos y elegir con mayor conciencia.

Si quieres trabajar una situación personal desde este enfoque, puedes conocer cómo trabajo en coaching o solicitar una primera conversación de valoración.

Referencias

  • Echeverría, R. Ética y coaching ontológico. Apartado «Persona y sombra».
  • Jung, C. G. La noción de sombra dentro de la psicología analítica.

Descubre más desde Ricard Guillem

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Ricard Guillem

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo