No podemos elegir directamente sentir serenidad, alegría o calma. Las emociones aparecen en relación con lo que vivimos, cómo lo interpretamos, nuestro estado físico y el contexto. Lo que sí podemos hacer es influir en algunas condiciones que favorecen una mayor regulación.
Esta diferencia importa. Evita convertir la calma en una obligación moral y permite trabajar sobre conductas concretas en lugar de exigirnos sentir de una manera determinada.
Serenidad no significa ausencia de activación
Podemos estar nerviosos y aun así actuar con cuidado. Podemos sentir tristeza y tomar una buena decisión. La regulación emocional no consiste en eliminar emociones incómodas, sino en ampliar la capacidad para observarlas, comprender qué información aportan y decidir cómo responder.
Qué sí podemos entrenar
- Detectar señales tempranas: notar tensión, aceleración, irritabilidad o pensamientos repetitivos antes de estar completamente desbordados.
- Reducir demandas evitables: revisar horarios, interrupciones, compromisos o expectativas que aumentan innecesariamente la carga.
- Crear pausas: caminar, cambiar de tarea, respirar de forma lenta o dejar unos minutos antes de responder.
- Preparar situaciones difíciles: anticipar qué quieres comunicar o qué decisión necesitas tomar.
- Cuidar condiciones básicas: sueño, alimentación, actividad física y descanso influyen en nuestra capacidad para regularnos.
No necesitas “pensar en positivo”
Cuando estamos preocupados o enfadados, obligarnos a buscar inmediatamente algo positivo puede añadir presión. A veces la respuesta más útil es describir el problema con precisión, reconocer cómo nos afecta y decidir qué podemos hacer.
Una pregunta más realista que «¿cómo puedo estar más positivo?» puede ser: ¿qué necesito para responder mejor a esta situación?
Prácticas que pueden ayudar, sin convertirlas en obligación
Algunas personas encuentran útiles la respiración lenta, la meditación, caminar, escribir o hablar con alguien de confianza. Otras prefieren actividad física, silencio o estructurar una tarea. No existe una práctica única que funcione para todo el mundo.
Lo importante es observar qué recurso te ayuda realmente y en qué contexto, en lugar de asumir que debería funcionar porque está recomendado.
¿Qué papel puede tener el coaching?
En coaching podemos trabajar sobre situaciones concretas: una conversación que te activa, una decisión difícil, una carga de trabajo o un patrón de respuesta que quieres revisar. El objetivo no es convertirte en una persona siempre serena, sino ampliar tus recursos para actuar con más deliberación.
Si la intensidad emocional es persistente, existe ansiedad significativa, depresión, ataques de pánico o deterioro del funcionamiento cotidiano, conviene valorar atención psicológica o sanitaria.
La serenidad no siempre llega cuando la buscamos. Pero sí podemos construir condiciones que nos permitan responder con algo más de claridad y flexibilidad.
Si quieres trabajar una situación concreta desde este enfoque, puedes consultar mis sesiones de coaching online o solicitar una primera conversación de valoración.
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