Aprender no es acumular cursos, libros o respuestas. Aprendemos de verdad cuando incorporamos una distinción, desarrollamos una capacidad o modificamos nuestra manera de actuar ante una situación.
Esta diferencia resulta especialmente relevante en momentos de cambio personal o profesional. Podemos saber mucho sobre un problema y, sin embargo, seguir respondiendo de la misma manera.
Declarar «no sé»: el comienzo del aprendizaje
Una distinción valiosa de la tradición del coaching y de la ontología del lenguaje consiste en reconocer que declarar que no sabemos puede abrir un espacio de aprendizaje. Mientras creemos que ya sabemos qué ocurre, quiénes somos o qué es posible, resulta difícil incorporar algo nuevo.
Decir «no sé cómo mantener esta conversación», «no sé cómo buscar trabajo en este mercado» o «no sé qué necesito aprender para asumir este nuevo rol» no equivale a declararse incapaz. Puede ser el primer paso para identificar una brecha concreta de aprendizaje.
Delors: aprender a conocer, hacer, convivir y ser
El informe de Jacques Delors para la UNESCO, La educación encierra un tesoro, formuló cuatro pilares para pensar el aprendizaje a lo largo de la vida: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.
La distinción evita reducir el aprendizaje al conocimiento. Saber explicar una competencia no significa necesariamente saber ejercerla. Aprender a convivir, colaborar, conversar o decidir implica dimensiones que no se adquieren únicamente leyendo sobre ellas.
Fernando Flores y el aprendizaje como capacidad de acción
En la tradición vinculada a Fernando Flores, el lenguaje, los compromisos y la coordinación de acciones ocupan un lugar central. Desde esta mirada, una pregunta fértil es: ¿qué acción no puedo realizar hoy y qué tendría que aprender para poder realizarla?
Esta formulación desplaza el aprendizaje desde la acumulación de información hacia la competencia. Quizá no necesitemos otro curso genérico, sino aprender a presentar nuestra experiencia, mantener una conversación, utilizar una herramienta concreta o formular una petición que hoy evitamos.
Los enemigos del aprendizaje
El propio proceso de aprender puede bloquearse de muchas maneras. Algunas son reconocibles en conversaciones de coaching:
- no admitir que no sabemos;
- confundir «no sé hacerlo todavía» con «no sirvo para esto»;
- querer comprenderlo todo antes de empezar;
- evitar el error porque amenaza nuestra imagen de competencia;
- pedir respuestas cuando necesitamos practicar;
- acumular formación sin trasladarla a acciones;
- rechazar feedback que contradice nuestros juicios previos.
No son defectos personales. Son formas de relacionarnos con el aprendizaje que podemos observar y revisar.
El error no garantiza aprendizaje
Equivocarse puede aportar información, pero el error no enseña automáticamente. Para convertirlo en aprendizaje necesitamos observar qué ocurrió, distinguir qué dependía de nosotros, recibir feedback cuando sea posible y probar una respuesta diferente.
Por eso no todo fracaso tiene que convertirse en una oportunidad. Algunas experiencias simplemente duelen o tienen costes. El aprendizaje aparece cuando conseguimos elaborar información útil y modificar nuestra capacidad de respuesta.
Lenguaje, emoción y corporalidad al aprender
Desde una mirada ontológica, el aprendizaje no ocurre únicamente en el lenguaje. Nuestra emocionalidad puede predisponernos a explorar o a evitar, y nuestra corporalidad también participa en la forma en que afrontamos una práctica nueva.
Una persona puede comprender intelectualmente cómo hablar en público y, sin embargo, experimentar una activación emocional y corporal que dificulta hacerlo. El aprendizaje puede requerir entonces práctica gradual, nuevas conversaciones y una manera diferente de habitar esa situación.
Esta es una distinción del marco ontológico; no significa que toda dificultad de aprendizaje pueda explicarse mediante emoción o corporalidad ni sustituye el conocimiento psicológico o educativo cuando sea necesario.
Curiosidad frente a certeza
La curiosidad permite sostener durante un tiempo preguntas para las que todavía no tenemos respuesta. No exige celebrar la incertidumbre. Consiste en mantener suficiente apertura para investigar antes de cerrar una interpretación.
Ante una dificultad podemos preguntarnos: ¿qué parte no funciona?, ¿qué he probado?, ¿qué resultado obtuve?, ¿qué no sé todavía?, ¿quién podría ofrecerme una distinción o un feedback que ahora no tengo?
Una práctica: el mapa de aprendizaje
- Define una situación concreta. ¿Qué quieres ser capaz de hacer?
- Identifica la brecha. ¿Qué puedes hacer hoy y qué todavía no?
- Declara qué no sabes. Intenta formularlo sin convertirlo en un juicio sobre tu identidad.
- Busca una fuente de aprendizaje. Puede ser formación, práctica, observación, feedback, mentoría, coaching o experiencia directa.
- Diseña una acción. ¿Cómo comprobarás que realmente estás aprendiendo?
- Revisa el resultado. ¿Qué nueva acción está disponible ahora?
Aprender también es revisar al observador
A veces adquirimos una técnica y eso basta. En otras ocasiones necesitamos revisar juicios, interpretaciones o supuestos desde los que estábamos actuando. Esta segunda posibilidad es especialmente relevante en coaching: no porque exista un observador correcto, sino porque una nueva distinción puede permitirnos ver posibilidades de acción que antes no distinguíamos.
Aprender no consiste necesariamente en convertirnos en otra persona. Puede ser algo más concreto: ampliar lo que somos capaces de observar, conversar y hacer. Esta idea conecta con lenguaje, emoción y corporalidad desde el coaching ontológico y con las condiciones reales que necesita un cambio: comprender una situación es importante, pero el aprendizaje necesita llegar a la práctica y producir nueva información.
Una pregunta para cerrar: ¿qué estás intentando resolver acumulando conocimiento cuando quizá lo que necesitas es aprender una nueva acción?
Si quieres trabajar una brecha concreta de aprendizaje dentro de un cambio personal o profesional, puedes conocer mis sesiones de coaching online.
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1 comentario en «Aprender a aprender: ignorancia, curiosidad, error y acción»