Enfoque centrado en soluciones: excepciones, recursos y próximos pasos

El enfoque centrado en soluciones propone una idea sencilla y útil: no siempre necesitamos comprender por completo el origen de un problema para empezar a producir una mejora. En determinadas situaciones puede ser más fértil explorar qué está funcionando, cuándo el problema aparece menos y qué recursos ya están disponibles.

Este enfoque tiene una genealogía propia dentro de la terapia breve y ha influido también en el coaching. Su valor no está en ignorar los problemas, sino en evitar que toda la conversación quede atrapada en su descripción.

¿Qué significa enfocarse en soluciones?

En lugar de preguntar únicamente «¿por qué ocurre esto?», podemos añadir otras preguntas:

  • ¿Cuándo ocurre menos?
  • ¿Qué haces diferente en esos momentos?
  • ¿Qué recursos o apoyos ya están presentes?
  • ¿Qué pequeño cambio sería una señal de avance?

La distinción importante es esta: comprender un problema y construir una solución no siempre son la misma tarea.

Excepciones: buscar cuándo el problema no domina

Una herramienta clásica consiste en explorar excepciones. Si una dificultad no aparece con la misma intensidad todo el tiempo, esas variaciones pueden ofrecer información.

Por ejemplo, una persona que siente que «nunca organiza bien su tiempo» quizá descubra que algunos días sí consigue hacerlo. La pregunta deja de ser «¿por qué soy tan desorganizado?» y pasa a ser «¿qué condiciones estaban presentes ese día?».

Esto no convierte una excepción en receta universal. Sirve para generar hipótesis y probar acciones.

La pregunta del milagro como recurso imaginativo

Otra herramienta conocida es la llamada pregunta del milagro: imaginar que el problema se ha resuelto y preguntar qué sería diferente de manera observable.

Su utilidad no está en fantasear con una solución mágica, sino en concretar señales: ¿qué harías distinto?, ¿qué notarían otras personas?, ¿qué conducta aparecería primero?

Pequeños cambios y experimentos

El enfoque centrado en soluciones suele trabajar con pasos manejables. En coaching esto puede traducirse en diseñar una acción concreta y revisar qué ocurre.

Por ejemplo:

  • probar durante una semana una forma distinta de organizar una reunión;
  • formular una petición que hasta ahora se evitaba;
  • replicar una rutina que ya funcionó en otra ocasión;
  • reducir el alcance de una tarea para facilitar el inicio.

El objetivo no es demostrar que «todo depende de una pequeña acción», sino producir información y ampliar posibilidades.

Cuándo no basta con mirar soluciones

Hay situaciones en las que explorar causas, historia o contexto es necesario. Si existe trauma, violencia, abuso, deterioro de salud, discriminación, consumo problemático, riesgo, problemas laborales graves o síntomas psicológicos persistentes, centrarse únicamente en «lo que funciona» puede resultar insuficiente o incluso inapropiado.

También hay problemas estructurales que no se resuelven mediante una mejor actitud o una conversación distinta.

Una práctica breve

Elige una dificultad concreta y responde:

  1. ¿Cuándo es un poco menos intensa?
  2. ¿Qué cambia en esas ocasiones?
  3. ¿Qué parte de eso depende de ti y qué parte del contexto?
  4. ¿Qué recurso ya tienes disponible?
  5. ¿Cuál sería una mejora pequeña y observable durante los próximos días?
  6. ¿Qué aprenderás del resultado, funcione o no?

Qué puede aportar el coaching

En coaching, el enfoque centrado en soluciones puede ayudar a salir de conversaciones circulares y diseñar experimentos concretos. No sustituye el análisis cuando este es necesario y no convierte cualquier dificultad en un problema de perspectiva.

Su mejor aportación puede resumirse así: además de preguntar qué está mal, conviene investigar qué ya funciona y cómo podemos construir desde ahí.


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