Una palabra para orientarte: el juego del amuleto como recordatorio de intención

El año 2024 fue uno de los más difíciles que he vivido: enfermedades familiares, un cáncer personal y una DANA que golpeó con dureza a muchas familias valencianas. En contextos así, las grandes consignas de crecimiento personal sirven de poco si no aterrizan en algo concreto.

Por eso me gusta recuperar un ejercicio sencillo que ya había utilizado antes: elegir una palabra que funcione como recordatorio de intención. La llamo “palabra amuleto”, no porque tenga ningún poder mágico, sino porque puede ayudarnos a volver a una prioridad cuando el día a día nos dispersa.

Qué es una palabra amuleto

Es una palabra breve que representa una cualidad, una actitud o una dirección que queremos cuidar durante una etapa. Puede ser “aceptar”, “coraje”, “simplicidad”, “cuidar”, “aprender” o “vivir”.

Su utilidad no está en repetirla como mantra esperando que cambie nuestro estado emocional. Está en convertirla en una pregunta práctica: ¿qué acción de hoy sería coherente con esta palabra?

Cómo elegirla

Antes de escoger una palabra, revisa brevemente el periodo anterior:

  • ¿Qué has tenido que sostener?
  • ¿Qué has aprendido o qué sigues sin saber resolver?
  • ¿Qué te ha faltado?
  • ¿Qué quieres cuidar más y qué quieres reducir?

Después elige una palabra que no describa quién “deberías ser”, sino algo que quieras recordar al decidir.

Convertir la palabra en acción

Una palabra sin práctica puede quedarse en decoración. Para darle utilidad, vincúlala a conductas observables.

Si eliges “cuidar”, puede significar pedir una cita médica, reservar tiempo de descanso o mantener una conversación pendiente. Si eliges “coraje”, quizá implique hacer una petición que evitas. Si eliges “simplicidad”, puede traducirse en eliminar compromisos o reducir tareas.

Desde el coaching: declaración, compromiso y acción

Desde la ontología del lenguaje, podemos entender la elección de una palabra como una declaración de orientación. No crea por sí sola una realidad nueva, pero puede ayudarnos a establecer un compromiso y recordar qué tipo de acciones queremos privilegiar.

La pregunta no es “¿qué energía quiero atraer?”, sino algo más concreto: ¿qué conversaciones, decisiones y prácticas quiero sostener alrededor de esta palabra?

Mi palabra fue “vivir”

Después de un año marcado por enfermedad, incertidumbre y pérdidas cercanas, mi palabra para 2025 fue “vivir”. No como una consigna optimista, sino como una manera de recordarme que, junto a la preocupación y el miedo, también quería dejar espacio para presencia, vínculos, proyectos y experiencias que merecieran ser vividas.

Una palabra así no resuelve el dolor ni garantiza equilibrio. Puede, sencillamente, ayudarnos a volver a una dirección cuando nos perdemos en el ruido.

Una práctica sencilla

  1. Elige una sola palabra.
  2. Escribe qué significa para ti y qué no significa.
  3. Define dos o tres acciones que serían coherentes con ella.
  4. Colócala en un lugar visible: agenda, escritorio o fondo de pantalla.
  5. Revísala cada semana y pregúntate si sigue teniendo sentido.

No hace falta convertirla en una promesa anual. Si deja de servirte, puedes cambiarla.

La palabra amuleto funciona mejor como recordatorio de intención que como fórmula de transformación. Su valor está en ayudarte a volver a aquello que quieres cuidar y traducirlo en decisiones concretas.

¿Qué palabra te serviría hoy como recordatorio de la manera en que quieres responder a esta etapa de tu vida?


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