Una persona puede decir que quiere cambiar y, al mismo tiempo, no estar preparada para ejecutar la conducta. Tal vez todavía duda de que exista un problema, valora costes y beneficios, teme una consecuencia o no sabe cómo empezar. Interpretar esa ambivalencia como falta de compromiso suele empeorar la conversación.
El modelo transteórico popularizó la idea de que el cambio puede comprenderse mediante etapas. Su propuesta clásica incluye precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento. El modelo ha resultado útil para adaptar conversaciones y tratamientos, pero las etapas no deben tratarse como casillas exactas ni como una secuencia obligatoria. Las personas pueden avanzar, retroceder o estar en momentos distintos según la conducta.
Más que una etiqueta, una tarea diferente
La pregunta práctica no es «¿en qué etapa estoy para siempre?», sino «¿qué tarea necesito resolver antes de avanzar?».
Exploración: todavía no existe una decisión
La persona puede no considerar necesario el cambio o percibir más costes que beneficios. Presionar para actuar genera defensa. Resulta más útil comprender la situación, ofrecer información cuando se solicita y explorar consecuencias sin dramatizar.
Preguntas posibles:
- ¿Qué te preocupa y qué no te preocupa de la situación?
- ¿Qué ventajas tiene mantenerla como está?
- ¿Qué tendría que ocurrir para que quisieras revisarla?
Ambivalencia: existen razones en ambas direcciones
La persona reconoce un problema, pero cambiar también implica pérdidas, esfuerzo o incertidumbre. La ambivalencia no es incoherencia; forma parte de muchas decisiones relevantes.
Conviene separar:
- razones para cambiar;
- razones para mantener la situación;
- temores sobre el proceso;
- condiciones que harían el cambio más viable.
Preparación: convertir intención en un primer diseño
La decisión general ya existe, pero todavía faltan conducta, fecha, recursos y plan. «Quiero cambiar de trabajo» necesita transformarse en acciones como revisar experiencia, definir criterios y mantener conversaciones exploratorias.
Una preparación útil incluye:
- una conducta inicial;
- un momento y un lugar;
- los recursos necesarios;
- una barrera probable;
- un modo de seguimiento.
Acción: ejecutar y aprender
Durante la acción conviene reducir la distancia entre el plan y la realidad. La persona necesita observar qué funciona, recibir información y corregir. La intensidad inicial no es una medida suficiente del cambio.
Pregunta qué conducta se realizó, en qué condiciones y con qué resultado. Evita evaluar toda la capacidad personal a partir de una semana difícil.
Mantenimiento: sostener y recuperar después de interrupciones
Mantener una conducta requiere integrarla en la vida cotidiana, protegerla ante cambios de horario y preparar respuestas a recaídas. Una interrupción no devuelve necesariamente al punto inicial; aporta información sobre las condiciones que todavía deben revisarse.
Qué sabemos sobre la disposición al cambio
Los estudios en psicoterapia encuentran que las medidas de disposición presentan una relación con algunos resultados, aunque la magnitud es moderada y varía según el instrumento y el problema. Las críticas al modelo señalan que las etapas no siempre son discretas, que su medición puede ser inestable y que no está demostrado que toda intervención deba ajustarse de manera estricta a una fase.
Por eso conviene emplear el modelo como mapa de conversación, no como diagnóstico ni explicación total.
Evitar la etiqueta de «resistencia»
Cuando alguien no ejecuta una propuesta, pueden faltar razones, capacidad, oportunidad, confianza o seguridad. Llamarlo resistente puede ocultar un mal diseño de la intervención o una diferencia legítima de prioridades.
Una relación de ayuda responsable respeta la autonomía. El profesional puede señalar contradicciones y consecuencias, pero no decide qué debe querer la persona.
Una revisión breve de disposición
- ¿Qué cambio concreto estás considerando?
- ¿Qué importancia tiene para ti de cero a diez?
- ¿Qué confianza tienes en poder realizarlo?
- ¿Qué razones existen para no cambiar todavía?
- ¿Qué condición aumentaría un punto tu disposición?
- ¿La siguiente tarea es explorar, preparar, actuar o mantener?
Qué puede trabajarse en coaching
El coaching puede ayudar a explorar ambivalencia, aclarar criterios, preparar una conducta y revisar el mantenimiento. No debe forzar una decisión ni sustituir tratamientos especializados cuando el cambio se relaciona con adicciones, trastornos de la conducta alimentaria u otros problemas clínicos.
Para revisar un cambio concreto y determinar cuál es la siguiente tarea, puedes solicitar una primera conversación de valoración.
Referencias
- Prochaska y Velicer. Transtheoretical model of health behavior change.
- Norcross et al. Stages of change and psychotherapy outcomes.
- Krebs et al. Readiness measures and psychotherapy outcomes.
- Littell y Girvin. Critique of stages of change.
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1 comentario en «Disposición al cambio: qué necesitas en cada momento del proceso»