El coaching ontológico parte de una distinción central: cada persona es un observador particular. No accedemos a las situaciones desde un punto de vista neutro; las interpretamos desde nuestra historia, experiencias, aprendizajes, lenguaje, emociones y corporalidad.
Esta mirada no pretende afirmar que cada persona inventa la realidad ni que basta con cambiar la forma de pensar para cambiar los hechos. Propone algo más concreto: según cómo observamos una situación, algunas acciones aparecen como posibles y otras pueden quedar fuera de nuestro campo de visión.
El observador y la acción
En coaching ontológico suele trabajarse con una secuencia sencilla: observador, acción y resultado. Cuando una persona obtiene repetidamente un resultado que no desea, podemos revisar sus acciones. Pero también podemos preguntarnos desde qué interpretaciones, emociones y disposiciones corporales está actuando.
Dos personas pueden encontrarse ante una situación similar y observar posibilidades diferentes. Esto no significa que todas las interpretaciones sean igualmente válidas ni que los límites externos desaparezcan. Significa que nuestra manera de observar participa en las decisiones que consideramos disponibles.
Lenguaje: afirmaciones, juicios y declaraciones
Una de las aportaciones características de la ontología del lenguaje es distinguir diferentes actos lingüísticos. No es lo mismo afirmar un hecho comprobable que emitir un juicio, formular una petición, realizar una promesa o hacer una declaración.
Por ejemplo, «no me han seleccionado para este puesto» puede tratarse como una afirmación contrastable. «No soy suficientemente bueno para este sector» es un juicio. Distinguirlos permite preguntar por el fundamento del juicio y evitar tratar una interpretación como si fuera un hecho.
Las declaraciones tienen otra función. Decir «voy a cerrar esta etapa», «no acepto estas condiciones» o «quiero pedir ayuda» no modifica mágicamente el mundo, pero puede establecer un compromiso, redefinir una relación o inaugurar un curso de acción.
Emoción y corporalidad
El coaching ontológico entiende lenguaje, emoción y cuerpo como dominios relacionados del observador. Una conversación difícil no se vive únicamente mediante pensamientos: puede aparecer miedo, resignación, entusiasmo, tensión corporal o disposición a actuar.
Observar estos dominios puede aportar información. No significa diagnosticar emociones a partir de posturas corporales ni atribuir síntomas físicos a conflictos psicológicos. La corporalidad se utiliza aquí como una dimensión de observación y aprendizaje, no como explicación médica.
Quiebre y aprendizaje
En la tradición ontológica se habla de quiebre cuando algo interrumpe la transparencia con la que actuábamos y requiere atención. Un cambio profesional, un conflicto, una decisión aplazada o un resultado inesperado pueden convertirse en quiebres.
El quiebre no tiene por qué ser negativo. Lo relevante es que abre una pregunta: ¿qué necesito observar, aprender o hacer de otra manera?
Compromiso y diseño de acciones
El coaching ontológico no debería quedarse en una conversación interesante. Las nuevas interpretaciones necesitan contrastarse mediante acciones. Peticiones, ofertas, conversaciones pendientes, aprendizaje de competencias o pequeños experimentos permiten comprobar si una nueva manera de observar amplía realmente el campo de posibilidades.
El resultado nunca depende exclusivamente del observador. También intervienen otras personas, recursos, condiciones sociales, económicas y circunstancias que pueden estar fuera de nuestro control.
Una distinción importante: marco ontológico y evidencia psicológica
Conceptos como observador, quiebre, declaraciones o coherencia entre lenguaje, emoción y corporalidad pertenecen al marco conceptual del coaching ontológico. Son distinciones útiles para organizar conversaciones y generar preguntas, pero no deben presentarse automáticamente como leyes psicológicas demostradas.
Como psicólogo y coach, me interesa precisamente mantener ese diálogo sin confundir planos: utilizar las distinciones ontológicas cuando aportan capacidad de observación y acción, y recurrir al conocimiento psicológico cuando necesitamos explicar procesos psicológicos, evaluar problemas o trabajar desde evidencia empírica.
Preguntas desde una mirada ontológica
- ¿Qué observador estoy siendo ante esta situación?
- ¿Qué estoy tratando como un hecho cuando quizá sea un juicio?
- ¿Qué emociones predisponen o dificultan determinadas acciones?
- ¿Qué observo en mi corporalidad cuando hablo de este asunto?
- ¿Qué conversación, petición, promesa o declaración está pendiente?
- ¿Qué nueva acción podría permitirme observar algo que hoy no veo?
El propósito no es convertirnos en un observador «correcto», sino ampliar nuestra capacidad para distinguir, elegir y actuar dentro de las circunstancias reales en las que vivimos.
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