En una conversación de coaching podemos respetar profundamente a una persona y, al mismo tiempo, cuestionar una interpretación que sostiene. Confundir ambas cosas empobrece el acompañamiento.
Respetar a la persona no significa conceder el mismo valor a todas sus opiniones. Una afirmación puede contrastarse con hechos; un juicio puede estar mejor o peor fundamentado; una interpretación puede ampliar posibilidades, estrecharlas o incluso causar daño a otras personas.
Legitimar al otro no es asentir
La tradición ontológica ofrece aquí una distinción útil: reconocer al otro como un legítimo otro no exige aceptar como válida cualquier interpretación que formule. Podemos escuchar sin humillar y, después, preguntar, contrastar o discrepar.
Esto resulta especialmente importante cuando aparecen juicios como «las personas como yo no pueden cambiar», «si fracaso una vez significa que no sirvo», «la culpa siempre es de los demás» o generalizaciones despectivas sobre otras personas o colectivos.
El trabajo del coach no consiste en sustituir esas ideas por las suyas. Consiste en ayudar a examinarlas.
Afirmaciones, juicios y fundamento
Desde la ontología del lenguaje, distinguir entre afirmaciones y juicios permite ordenar la conversación. Una afirmación remite a hechos que pueden comprobarse dentro de determinados criterios compartidos. Un juicio es una valoración realizada por un observador y puede preguntarse por su fundamento.
Ante un juicio podemos explorar: ¿para qué lo estás formulando?, ¿en qué hechos lo apoyas?, ¿qué hechos podrían cuestionarlo?, ¿desde qué estándar estás evaluando?, ¿qué acciones se abren o se cierran cuando lo sostienes?
Que un juicio sea una interpretación no significa que «todo sea relativo». Algunas opiniones contradicen evidencia disponible; otras expresan prejuicios o legitiman daño. Cuestionarlas es compatible con mantener el respeto hacia quien las expresa.
El coach también es un observador
Existe además una segunda exigencia ética: el coach no ocupa una posición neutral o infalible. También interpreta desde su historia, formación, valores y sesgos. Esta idea conecta con la distinción del observador en coaching: quien acompaña también observa desde una perspectiva y necesita revisar sus propios juicios. Por eso cuestionar al cliente requiere hacerlo con curiosidad, fundamento y conciencia de los límites de nuestra propia mirada.
Una buena conversación no busca decidir rápidamente quién tiene razón. Busca mejorar la calidad de las distinciones con las que estamos observando una situación.
Preguntas que permiten cuestionar sin deslegitimar
- ¿Qué hechos sostienen ese juicio?
- ¿Qué información no encaja con tu interpretación?
- ¿Qué consecuencias tiene para ti mantenerla?
- ¿A quién afecta esa forma de mirar la situación?
- ¿Qué otra interpretación sería compatible con los mismos hechos?
- ¿Qué podrías hacer para contrastarla en lugar de seguir dándola por cierta?
Respeto y confrontación pueden convivir
El coaching no necesita convertirse en un espacio de complacencia. Acompañar también puede significar confrontar una contradicción, pedir fundamento para un juicio o señalar el impacto de determinadas palabras y acciones.
La diferencia está en cuestionar una interpretación sin reducir a la persona a esa interpretación.
Una pregunta para cerrar: ¿qué opinión estás tratando como una verdad indiscutible cuando quizá merezca ser examinada como un juicio?
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1 comentario en «Respetar a la persona no obliga a aceptar todas sus opiniones»