¿Agotado en el trabajo? el Síndrome de Burnout

Pon atención al siguiente post, podrías encontrar la respuesta a tu situación laboral actual: burnout, estar quemado, agotamiento. Septiembre será un buen mes para incorporar nuevos comportamientos, hábitos, tomar decisiones.

En la actualidad la mayoría de los autores definen el burnout a través de las tres dimensiones propuestas por Maslach and Jackson:

– Agotamiento emocional: Aparece la sensación de no poder dar más de sí, que genera desánimo y frustración. Un estado de angustia emocional y psicológica como resultado de la exposición prolongada al estrés, lo que resulta en sentimientos de cinismo, baja autoeficacia y agotamiento físico. 

– Despersonalización: Si los problemas que interfieren y dificultan el trabajo continúan, la persona pasa a ver a los otros como sus enemigos, los causantes de sus problemas. Como consecuencia, desarrolla estrategias defensivas para protegerse que se concretan en distanciamiento, frialdad en el trato, desimplicación, etc.

– Baja realización personal: Surge de la no consecución de los objetivos o resultados deseados en el ejercicio de la profesión. Sienten que las demandas laborales exceden a sus capacidades, se autoevalúan negativamente.

El burnout es considerado como estrés crónico en contexto laboral caracterizado por estas tres dimensiones. 

Hay que tener en cuenta que el estrés puede ser positivo o negativo. Es positivo cuando el individuo interpreta que las consecuencias de la situación serán favorables para sus intereses. Por el contrario, si percibe que dichas consecuencias serán desagradables o perjudiciales, el estrés será negativo.

El estrés positivo (eustress)  a corto plazo; permitir que las personas centren su atención en una tarea o demanda específica (por ejemplo, escribir un examen). Vivimos estrés positivo cuando enfrentamos situaciones desafiantes, cuyas demandas son altas, pero no rebasan nuestras capacidades; por eso, podemos sentir competencia, confianza, motivación, entusiasmo y bienestar. Ejemplos de estrés positivo pueden ser: recibir un ascenso en el trabajo, comenzar un nuevo trabajo, comprar una casa, tener un hijo, cogerse unas vacaciones, o aprender un nuevo hobby.

El estrés negativo (distress) se considera como estrés «malo», ya que se relaciona con situaciones que la persona no es capaz de controlar o ante las cuales se siente asustado. Precisamente, la pandemia sanitaria, provocada por la Covid-19 es un ejemplo perfecto de este tipo de estrés negativo.

La exposición prolongada al estrés puede tener consecuencias negativas con el tiempo (es decir, angustia), lo que resulta en un deterioro del funcionamiento cognitivo y físico (por ejemplo, mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, trastornos de salud mental).

No hay dos experiencias de estrés iguales. Cada persona tiene su propio barómetro de estrés único basado en una combinación de factores biológicos y ambientales, es decir, el modelo de diátesis de estrés, que influyen en cómo interpretan y responden a los factores estresantes. Es decir, el umbral entre el eustress y la angustia varía de persona a persona. 

El Modelo de diátesis-estrés es una teoría psicológica que explica la conducta como un resultado tanto de factores biológicos y genéticos como de experiencias vitales.

Las variables personales y sociales pueden afectar a la aparición del burnout, pero en cambio las variables organizacionales, básicamente aquellas vinculadas al desempeño del puesto de trabajo lo desencadenan. 

De esta manera, factores como el contenido del puesto, la falta de reciprocidad (dar más emocionalmente en el trabajo de lo que se recibe a cambio) o el clima organizacional, pueden convertirse en desencadenantes del síndrome de burnout y deberán tenerse en cuenta a la hora de diseñar la prevención psicosocial a nivel primario. 

Según el modelo  multidimensional de Maslach y Leiter el Burnout, que contempla la interacción de varios tipos de factores, sin destacar de forma particular a unos más que a otros, sino que será esta interacción la que delimite cuales son las variables más importantes en un caso en concreto. El burnout  es concebido como una experiencia individual y crónica de estrés relacionada con el contexto social. 

El modelo incluye tres componentes:
•             La experiencia de estrés.
•             La evaluación de los otros. 
•             La evaluación de uno mismo.

A nivel organizacional, basado en la teoría organizacional, disfunciones del rol, la falta de salud organizacional, la estructura, la cultura y el clima organizacional, encontramos modelos explicativos que se caracterizan porque enfatizan la importancia de los estresores del contexto de la organización y de las estrategias de afrontamiento empleadas ante la experiencia de quemarse.

De manera general, solemos ignoramos las primeras señales del burnout, del estar quemados, poniendo el cuidado personal en un segundo plano y nos empujamos al límite hasta que nuestro cuerpo nos obliga físicamente a detenernos.

McLean & Company, nos muestran en su modelo las diferentes etapas del Burnout, que nos ayuda a identificarlo y abordarlo. 

Lo primero que aparece en el sujeto es el cansancio emocional dando paso posteriormente a la despersonalización y a la baja realización personal.  

  • Etapa 1 Sientes que hay una fuerte necesidad de probarte a ti mismo. 
  • Etapa 2 Sigues trabajando más y más duro para lograr ésto. 
  • Etapa 3 Comienzas a descuidar más tus propias necesidades.
  • Etapa 4 Estás en conflicto y culpas a otros o a la situación.
  • Etapa 5 Cambias tus valores para centrarte más en el trabajo.
  • Etapa 6 Niegas los problemas que surgen por el estrés laboral.
  • Etapa 7 Te retiras de la vida social y de tu familia también.
  • Etapa 8 Tu comportamiento cambia lo que molesta a tus seres queridos.
  • Etapa 9 La despersonalización sucede, no te sientes como tú mismo.
  • Etapa 10 Se siente vacío y entumecido, puede ocurrir abuso de sustancias.
  • Etaspa 11 Te sientes deprimido, perdido y completamente agotado.
  • Etapa 12 Colapsas mental y físicamente, agotamiento total.

El síndrome de Burnout se puede prevenir si se toman las medidas correspondientes cuando comienzas a sentir los primeros síntomas y signos de estrés laboral.

Dentro de las estrategias que se recomiendan para afrontarlo están:

  • Ser consciente de las cargas de trabajo que puedo realizar sin sobre exigirme, intentando delegar tareas cuando es necesario.
  • Pedir ayuda.
  • Trabajar la autoperfección.
  • Reuniones de trabajo periódicas donde se reconozca el trabajo bien hecho entre pares.
  • Jerarquizar tareas, dando prioridad a las más importantes y urgentes.
  • Poner límites reales a tu jefatura de lo que puede exigirte y de lo que comienza a afectarte.
  • Seguir una alimentación equilibrada.
  • Realizar actividades de ocio.
  • Reducir el consumo de alcohol y café.
  • Practicar ejercicio diariamente.
  • Dormir bien.
  • Renovar relaciones con amigos y familiares que se han desatendido por sufrir del síndrome.
  • Realizar pausas saludables en tu lugar de trabajo y en la rutina diaria. Por ejemplo, puedes respirar profundamente y estirarte. Este ejercicio hay que repetirlo durante 1 o 2 minutos.
  • Reforzar la autoestima con el auto cuidado.

Pregúntate :

 ¿Qué aprendi de esta lectura? 

 ¿Cómo puedo usar lo que aprendo para mejorar mi estrés, el agotamiento? 

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Ricard Guillem Guillem  

Psicólogo Coach (CV01862) 

Email: ricard.guillem@coachingvalencia.com Teléfono /whatsapp  636 70 52 32 

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Quererse

Pat Rodegast, exploradora estadounidense de la conciencia, proponía:


“Ponte frente al espejo, lleva una silla, y agua si quieres, para que te puedas dar todo el tiempo que necesites, y quédate mirándote hasta que encuentres, en los ojos que te miran, una mirada de amor hacia ti”.

El fenómeno de la escucha

Disfruta tus vacaciones

A nivel general sostenemos que la escucha es una de las competencias más importantes en el ser humano. En función de la escucha, construimos nuestras relaciones personales, interpretamos la vida, nos proyectamos hacia el futuro y definimos nuestra capacidad de aprendizaje y de transformación del mundo. Juega un papel determinante tanto en nuestra capacidad de encontrar satisfacción en la vida como de asegurar altos niveles de efectividad en nuestro actuar.

No hay mejor indicador de la calidad de una relación que la manera como evaluamos la escucha que en ella se produce, sea ésta una relación personal o de trabajo.

Solemos no tener problemas en apuntar con el dedo a los demás y sostener que no nos escuchan. Pareciera que el problema fuera de ellos. Nos asignamos en ello una participación muy escasa, la que suele limitarse a que “no nos sabemos hacer escuchar”.

Los problemas de escucha suelen ser recíprocos. Quién no se siente escuchado, normalmente tampoco sabe escuchar a los demás. El problema no es necesariamente del otro. El problema está en la relación.

Por lo general pensamos que el hablar es la parte del lenguaje activo y suponemos que el escuchar es su parte pasiva y menos importante. La visión tradicional del lenguaje ha dado prioridad al hablar sobre el escuchar, bajo la suposición que basta estar presente y atento en la conversación para comprenderla.

En todo acto de comunicación están comprometidos tanto el hablar como el escuchar. Si nos vamos al terreno de los negocios Peter Drucker sostiene que «ser maravilloso con las personas significa escucharlos bien». Tom Peters sostiene que «necesitamos obsesionarnos con la escucha” para solucionar muchos problemas de las personas y de las organizaciones.

La parte del escuchar que implica la comprensión o interpretación de lo que oímos es un fenómeno lingüístico, que se origina en el tipo de observadores que somos más que en lo que oímos. Escuchar es oír más interpretar.

Tradicionalmente se entendía a la «comunicación» como la transmisión de información, pero desde una concepción actual, entendemos que  no depende de lo que se entrega, sino de lo que le pasa al que la recibe, y esto es un asunto muy distinto a transmitir información. (Humberto Maturana).

La clave del «escuchar» no está en el contenido del mensaje del que habla, sino en la interpretación que hace el oyente sobre lo dicho y cómo esto modifica su ámbito de acciones y posibilidades futuras.

En la comunicación no se da el hablar sin el escuchar y viceversa. La danza que tiene lugar entre ambas es lo que llamamos conversación.

Si no logramos que nuestra habla logre concretarse en una adecuada escucha, el habla simplemente muestra que no ha sido efectiva. La escucha es el criterio de validación y el indicador de calidad de nuestra habla.

Toda escucha está condenada, en el mejor de los casos, a ser siempre una “aproximación” al otro. En muchos casos lo que se produce es un desencuentro, un “malentendido”. Y no puede ser de otra forma. El sentido que tanto el orador como el oyente le confieren a lo hablado, remite inevitablemente a ellos mismos, a dos personas diferentes

Siempre habrá una distancia, una brecha, entre el orador y el oyente. El saber que esta brecha existe nos advierte, nos coloca en guardia, nos prepara para evitar que ella nos destruya.

Al reconocer la brecha, descubrimos que disponemos de dos herramientas para hacernos cargo del problema que nos plantea. La primera de ellas, es aprender a respetar las diferencias que inevitablemente surgirán en toda relación y la segunda hacernos cargo de la brecha, de las diferencias.

La escucha no es algo que “hagamos”, la escucha nos sucede, sin que podamos dirigirla en un sentido o en otro. Simplemente nos pasa que escuchamos lo que escuchamos.

Una vez que avanzamos en la  comprensión del fenómeno de la escucha, en lo que  implicado, inevitablemente perdemos nuestra inocencia inicial. La competencia en escuchar nos la dará el conocimiento sobre este fenómeno, haciéndose responsables de la brecha que han descubierto.

Éste es un espacio de aprendizaje.