Los 3 tipos de amigos y cómo cuidarlos

No todas las amistades cumplen la misma función. Si las miras con lupa, verás tres “capas” que se entrelazan y se mueven a lo largo del tiempo:

  1. Amigos de hacer
    Compartes actividades: entrenar, viajar, jugar, ir a conciertos, proyectos. Dan energía, estructura y diversión.
  • Claves: iniciativa, logística sencilla, ritmo constante.
  • Riesgos: que la relación dependa solo del plan; cuando paran las actividades, se diluye.
  • Cuídalos así: agenda rituales (jueves de pádel, primera semana de cada mes cena), alternad quién propone y quién organiza, mini-retos compartidos.
  1. Amigos de ser
    Hay afinidad de valores, visión de vida y sentido del humor. Te recuerdan quién quieres ser.
  • Claves: conversación con significado, curiosidad genuina, respeto a las diferencias.
  • Riesgos: convertirlos en “tribu burbuja” y dejar de exponerte a perspectivas nuevas.
  • Cuídalos así: cafés sin prisa, libros/pelis en común para conversar, preguntas que abren (“¿Qué te está desafiando ahora?”, “¿Qué estás aprendiendo de ti?”).
  1. Amigos de decir
    Confidentes. Aquí hay intimidad, vulnerabilidad y lealtad. Son sostén emocional cuando la vida tiembla.
  • Claves: escucha profunda, confidencialidad, presencia.
  • Riesgos: cargarles lo que debería ir a terapia; dependencia; consejos no pedidos.
  • Cuídalos así: pide permiso antes de descargar (“¿Tienes espacio para hablar de algo sensible?”), acuerda límites sanos, agradece explícitamente su cuidado.

Un poco de ciencia útil (sin jerga)

  • Distintos apoyos: la amistad aporta compañía (hacer), validación/identidad (ser) y emocional (decir). Una red equilibrada baja estrés y mejora bienestar.
  • Fuerza de los lazos: las “amistades de hacer” suelen ser lazos débiles que abren oportunidades; las de “ser/decir” tienden a lazos fuertes que sostienen. Necesitas ambos.

Mapa rápido de tu red (ejercicio de 10’)

  1. Dibuja tres círculos: HACER, SER, DECIR.
  2. Escribe nombres (máximo 8–10 en total).
  3. Marca con ⭐ quienes te nutren hoy; con ⚠️ donde hay desbalance (das más de lo que recibes o al revés).
  4. Elige 1 microacción por círculo para esta semana.

Ideas de microacciones

  • HACER: propone un plan simple de 60–90’.
  • SER: comparte un artículo/podcast y agenda 30’ para comentarlo.
  • DECIR: envía un audio de gratitud de 1 minuto; ofrece escucha (“Si quieres, te llamo y solo te escucho”).

Cómo “suben” y “bajan” las amistades (sin dramas)

  • De HACER → SER: añade conversación significativa después del plan (“¿Qué te ilusiona este mes?”).
  • De SER → DECIR: prueba con una autorrevelación pequeña y observa respuesta (respeto, cuidado, discreción).
  • De DECIR → SER/HACER: cuando la intensidad fue alta, compensad con planes ligeros.
  • Cuando toca alejarse: nombra el cambio con cariño (“Te valoro mucho; ahora necesito más espacio/otro ritmo”). Límites claros = relación más honesta.

Señales de salud en tus amistades

  • Hay reciprocidad (no aritmética, sí sensación de equilibrio).
  • Puedes decir que no sin miedo a perder el vínculo.
  • Existe alegría compartida (no solo “estar para lo malo”).
  • Se celebran avances y se reparan roces con conversaciones valientes.

Mini-rituales que sostienen redes vivas

  • “Viernes de mensaje”: cada semana escribe a una persona distinta.
  • Agenda relacional: un recordatorio mensual para cada amistad clave.
  • Cierre y gratitud tras un momento difícil: “Gracias por estar. Esto me ayudó…”.

Si ahora mismo te sientes solo/a

  • Empieza por HACER (es lo más accesible): clubs, voluntariado, deporte, clases. La identidad y la confianza crecen después del roce.
  • Trabaja tu escucha y límites: las buenas amistades se atraen también por cómo cuidamos el espacio común.
  • Considera coaching/terapia si notas patrones repetidos (complacer, evitar, depender).

No todas las amistades deben hacerlo todo. Cuando aceptas que hay amigos de hacer, de ser y de decir, dejas de exigir lo imposible y empiezas a nutrir lo valioso. El equilibrio no es tener más amigos, sino cuidar mejor los que importan.

A veces conviene recordar algo sencillo: las relaciones que de verdad importan siempre pasan por el perdón. Ocurre en la familia, en la amistad y también en lo romántico. Sin esa flexibilidad, cualquier vínculo se tensa más de la cuenta. Y cuando lo miramos con calma, vemos que gran parte del malestar nace de lo que esperamos que el otro sea o haga. Entender esto no vuelve las cosas más fáciles, pero sí más honestas: nos ayuda a bajar el listón de la exigencia y a tratar a los amigos desde un lugar más humano.

Si quieres profundizar en cómo equilibrar y cuidar tus amistades —de hacer, de ser y de decir— te invito a una sesión de coaching online. Juntos podemos revisar tu red de apoyo, diseñar microacciones y fortalecer los vínculos que de verdad nutren tu vida. Agenda tu llamada de valoración gratuita en www.coachingvalencia.com 

 

Tres dominios, una transformación: lenguaje, emoción y cuerpo en el desarrollo personal

El poder de los tres dominios

En cualquier proceso de crecimiento personal existen tres dimensiones que marcan la diferencia: el lenguaje, la emoción y el cuerpo. Son los tres dominios desde los que interpretamos la vida y desde los que podemos transformarla. Integrarlos no es solo teoría: es el camino hacia una vida con más coherencia, energía y sentido.

1. El lenguaje: cómo hablamos, cómo vivimos

Lo que decimos –y lo que nos decimos– no es neutro. Cada palabra abre o cierra posibilidades. Si repites “no puedo”, tu mundo se encoge; si transformas esa frase en “aún no lo logro, pero estoy aprendiendo”, tu horizonte se expande.

Ejercicio práctico: identifica una frase que uses a menudo y que te limite. Reescríbela en positivo, como si fuera un impulso. Observa durante una semana qué cambia en tus acciones.

2. La emoción: brújula para decidir

Las emociones son señales, no obstáculos. El miedo puede invitarte a cuidarte, la confianza te empuja a avanzar. No se trata de eliminar emociones, sino de escucharlas como brújula para entender lo que valoras o necesitas.

Ejercicio práctico: al final de cada día, anota una emoción que hayas sentido con intensidad y pregúntate: ¿qué mensaje me estaba dando sobre lo que valoro?

3. El cuerpo: la coherencia en acción

Nuestro cuerpo habla antes que las palabras. Una espalda erguida transmite seguridad; una respiración pausada calma la mente. Ajustar la postura o el ritmo respiratorio no es un gesto menor: es entrenar tu coherencia interna.

Ejercicio práctico: la próxima vez que enfrentes un reto, coloca los pies firmes en el suelo, recta la espalda y respira profundo. Nota cómo cambia tu seguridad.

Una transformación integrada

Trabajar estos tres dominios a la vez genera coherencia.

  • El lenguaje define tu narrativa.
  • La emoción da energía a tus decisiones.
  • El cuerpo encarna lo que quieres vivir.

El desarrollo personal no consiste en acumular técnicas, sino en entrenar la manera en que hablas, sientes y actúas. Desde ahí, la transformación se vuelve cotidiana y sostenible.

¿Quieres integrar estos tres dominios en tu vida con acompañamiento profesional?

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Tus palabras crean mundos: el poder transformador de las declaraciones

Hay frases que cambian una vida.

Un “sí, quiero”, un “hasta aquí llegué”, un “voy a intentarlo”, un “me merezco algo mejor”.

En apariencia, son solo palabras. Pero, en realidad, son actos. Actos lingüísticos que crean nuevos mundos posibles.

Rafael Echeverría, en su obra Ontología del Lenguaje, nos recuerda que el lenguaje no es un simple medio para describir lo que sucede: es el instrumento con el que los seres humanos generamos realidad. A través de lo que decimos —y de lo que callamos—, abrimos o cerramos caminos.

Las declaraciones no describen:  crean

Cuando decimos “empiezo una nueva etapa”, algo cambia en nosotros.

No es un deseo ni una opinión; es una declaración.

Y toda declaración tiene poder, porque modifica el espacio emocional y relacional desde el que actuamos.

Una declaración es un acto que inaugura algo que antes no existía. Al declarar, damos existencia a una nueva posibilidad: una promesa, una decisión, una dirección de vida.

Así, el lenguaje deja de ser un espejo pasivo de lo que somos y se convierte en un cincel con el que esculpimos lo que queremos llegar a ser.

Cuatro efectos profundos del poder declarativo

  • Crean realidades: cuando declaras “voy a sanar esta relación”, estás poniendo en marcha un proceso real, observable, emocional. Las palabras reconfiguran tu mirada.
  • Generan compromiso: decir “asumo la responsabilidad” cambia tu identidad de víctima a protagonista.
  • Transforman: una buena declaración nos libera del pasado. “Ya no quiero vivir así” puede ser el punto de inflexión hacia una vida más consciente.
  • Empoderan: cuando declaras “puedo hacerlo”, expandes tu horizonte de acción y contagias esa posibilidad al mundo que te rodea.

El lenguaje como territorio de transformación

Si el lenguaje crea realidades, cada conversación que tienes contigo mismo también lo hace.

Tu diálogo interno puede ser un espacio de expansión o una jaula invisible.

Por eso, en coaching ontológico trabajamos con el poder de las declaraciones conscientes: para que la persona aprenda a habitar su lenguaje con responsabilidad, autenticidad y propósito.

Cada vez que declaras algo, te estás declarando a ti mismo.

Y ese simple gesto —aparentemente lingüístico— redefine quién eres y hacia dónde vas.

Preguntas para tu reflexión

  • ¿Qué declaraciones han marcado un antes y un después en tu vida?
  •  ¿Cuáles sigues repitiendo sin darte cuenta —quizás “no puedo”, “ya es tarde”, “no valgo tanto”— y están limitando tus posibilidades?
  • ¿Qué nuevas realidades quieres crear con tus palabras a partir de hoy?

Recuerda: el lenguaje no solo describe el mundo… lo crea.

Y cada palabra que eliges es una semilla que siembras en tu destino.

“Somos seres que vivimos en el lenguaje. Y lo que somos, lo que hacemos y lo que soñamos, nace en la forma en que hablamos con los demás y con nosotros mismos.”