Hay un principio del taoísmo que me acompaña desde hace tiempo: “cuando algo está vacío, algo llega y lo llena; pero si estás lleno de ti, no hay espacio para nada más”. Y cada vez que lo recuerdo, algo en mí se recoloca. No es solo una frase bonita, es una invitación profunda a dejar espacio. En la mente, en el cuerpo, en las relaciones… y también en el corazón.
Vivimos tiempos donde parecer llenos se valora: llenos de actividades, llenos de ideas, llenos de opiniones, llenos de certezas. Y sin embargo, muchas personas que llegan a mis sesiones de coaching me dicen con la voz bajita: “me siento vacío”.
Y no es contradictorio. Es que estar lleno por fuera no garantiza estar habitado por dentro.
Cuando estamos demasiado llenos de nosotros
Estar lleno de uno mismo no siempre es arrogancia. A veces es estar lleno de ruido interno, de exigencias, de miedo a perder el control, de pensamientos que giran en bucle. Es no dejar espacio para escuchar lo nuevo, para que la vida te sorprenda, para que otros te lleguen.
Desde el coaching, vemos que uno de los caminos más poderosos hacia el cambio es aprender a vaciarse. No en el sentido de quedarse sin nada, sino en el de hacerse espacio. Como cuando ventilas una habitación, o cuando quitas todo de la mesa para volver a empezar.
Vaciarse es parar. Escuchar. Cuestionar lo que ya no sirve. Y abrirse a lo que podría ser distinto.
Preguntas que acompañan el vaciado
- ¿Qué pensamientos ocupo tanto que no me dejan ver alternativas?
- ¿Qué estoy sosteniendo solo por costumbre?
- ¿A qué me resisto por miedo a dejar espacio?
- ¿Qué tendría más sitio en mi vida si dejara de llenarla de urgencias?
Prácticas para crear espacio interior
- Silencio consciente
Dedica cada día unos minutos al silencio. Sin hacer nada. Solo estar. Te sorprenderá lo que emerge cuando dejas de intervenir. - Desahogo escrito
Escribe lo que te ocupa, lo que te pesa. Al soltarlo en papel, algo se libera. - Decir “no” como acto de autocuidado
Llenarnos de compromisos es una forma de evitar el vacío. Decir “no” es proteger tu espacio vital. - Observar sin intervenir
Practica mirar tus pensamientos sin actuar en ellos. Con curiosidad. Como si fueran nubes que pasan. - Abrir la puerta a lo inesperado
Haz algo nuevo, sin expectativas. Una conversación, un paseo, un gesto amable. Vaciarse también es dejar entrar lo desconocido.
Acompañar desde el coaching
El coaching no es solo añadir herramientas. Es también crear el contexto para que la persona pueda vaciarse de lo que le bloquea: juicios, mandatos, ideas fijas. Desde ahí, pueden emerger nuevas comprensiones, deseos más auténticos, una visión menos rígida.
Como coach, sostener espacios vacíos con respeto es a veces el mayor regalo que puedes ofrecer.
Si sientes que tu vida está llena… pero no te sientes pleno, quizá es momento de vaciar para volver a empezar.
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