Vaciarse para dejar entrar: una enseñanza taoísta para la vida y el coaching

Hay un principio del taoísmo que me acompaña desde hace tiempo: “cuando algo está vacío, algo llega y lo llena; pero si estás lleno de ti, no hay espacio para nada más”. Y cada vez que lo recuerdo, algo en mí se recoloca. No es solo una frase bonita, es una invitación profunda a dejar espacio. En la mente, en el cuerpo, en las relaciones… y también en el corazón.

Vivimos tiempos donde parecer llenos se valora: llenos de actividades, llenos de ideas, llenos de opiniones, llenos de certezas. Y sin embargo, muchas personas que llegan a mis sesiones de coaching me dicen con la voz bajita: “me siento vacío”.

Y no es contradictorio. Es que estar lleno por fuera no garantiza estar habitado por dentro.

Cuando estamos demasiado llenos de nosotros

Estar lleno de uno mismo no siempre es arrogancia. A veces es estar lleno de ruido interno, de exigencias, de miedo a perder el control, de pensamientos que giran en bucle. Es no dejar espacio para escuchar lo nuevo, para que la vida te sorprenda, para que otros te lleguen.

Desde el coaching, vemos que uno de los caminos más poderosos hacia el cambio es aprender a vaciarse. No en el sentido de quedarse sin nada, sino en el de hacerse espacio. Como cuando ventilas una habitación, o cuando quitas todo de la mesa para volver a empezar.

Vaciarse es parar. Escuchar. Cuestionar lo que ya no sirve. Y abrirse a lo que podría ser distinto.

Preguntas que acompañan el vaciado

  • ¿Qué pensamientos ocupo tanto que no me dejan ver alternativas?
  • ¿Qué estoy sosteniendo solo por costumbre?
  • ¿A qué me resisto por miedo a dejar espacio?
  • ¿Qué tendría más sitio en mi vida si dejara de llenarla de urgencias?

Prácticas para crear espacio interior

  1. Silencio consciente
    Dedica cada día unos minutos al silencio. Sin hacer nada. Solo estar. Te sorprenderá lo que emerge cuando dejas de intervenir.
  2. Desahogo escrito
    Escribe lo que te ocupa, lo que te pesa. Al soltarlo en papel, algo se libera.
  3. Decir “no” como acto de autocuidado
    Llenarnos de compromisos es una forma de evitar el vacío. Decir “no” es proteger tu espacio vital.
  4. Observar sin intervenir
    Practica mirar tus pensamientos sin actuar en ellos. Con curiosidad. Como si fueran nubes que pasan.
  5. Abrir la puerta a lo inesperado
    Haz algo nuevo, sin expectativas. Una conversación, un paseo, un gesto amable. Vaciarse también es dejar entrar lo desconocido.

Acompañar desde el coaching

El coaching no es solo añadir herramientas. Es también crear el contexto para que la persona pueda vaciarse de lo que le bloquea: juicios, mandatos, ideas fijas. Desde ahí, pueden emerger nuevas comprensiones, deseos más auténticos, una visión menos rígida.

Como coach, sostener espacios vacíos con respeto es a veces el mayor regalo que puedes ofrecer.

Si sientes que tu vida está llena… pero no te sientes pleno, quizá es momento de vaciar para volver a empezar.

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Reescribiendo el mapa profesional: la historia de Marina, una carrera no lineal

Marina (1) llegó un lunes cualquiera a la oficina con la rutina bien aprendida: graduada en Administración de Empresas, un máster en Finanzas y tres años gestionando proyectos en una consultora. Pero algo había cambiado. Una charla espontánea con un compañero de marketing la hizo cuestionarse: ¿y si mi carrera no fuera una línea recta?

1. Del mito de la trayectoria única al “protean career”

Hasta hace poco, se asumía que triunfar implicaba “seguir el camino”: formación formal → trabajo estable → promoción interna. Hoy, sin embargo, el concepto de “carrera proteica” (o protean career) impulsado por Douglas T. Hall en 2004 nos recuerda que el individuo autopropulsa su desarrollo, redefiniendo objetivos a medida que evoluciona 1. Marina decidió entonces:

  • Explorar un curso de UX en línea (aprendizaje autodidacta).
  • Colaborar con un equipo de voluntariado que rediseñaba procesos en ONG (aprendizaje informal).
  • Pedir proyectos transversales en su empresa para familiarizarse con analítica de datos (aprendizaje on-the-job).

2. Evidencias que validan la flexibilidad

  • Reskilling masivo: Según el Future of Jobs Report 2020 del WEF, el 50 % de las habilidades actuales de los empleados quedarán obsoletas para 2025 2. Adaptarse requiere saltos y pivotes constantes, no esperar al plan de carrera tradicional.
  • Aprendizaje en el trabajo: Un estudio de Deloitte (2021) reveló que el 87 % de las organizaciones consideran el “on-the-job learning” más efectivo que la formación formal 3. Marina empezó a capitalizar cada reto como una oportunidad de crecimiento real.

3. El valor de las bifurcaciones estratégicas

Cuando su empresa lanzó un piloto de inteligencia artificial para optimizar reporting, Marina ofreció su tiempo libre para formarse con MOOCs especializados. En pocos meses, pasó de analista junior a responsable de un pequeño “lab” de datos, sin cambiar de compañía ni acudir a un MBA de dos años.

Este movimiento, denominado “carrera sin fronteras” (boundaryless career) por Arthur y Rousseau en 1996, 4 demuestra que saltar entre departamentos, sectores o incluso modalidades (presencial, remoto, freelance) potencia la empleabilidad y la innovación personal.

4. Claves para gestionar tu carrera como un relato vivo

  1. Define tu “porqué”. Más allá de un título, conecta con un propósito: ¿qué te motiva cada mañana?
  2. Inventaría tus aprendizajes. Haz un registro: cursos formales, webinars, proyectos pro bono, mentorías… Todo suma a tu marca personal.
  3. Cultiva redes diversas. Participa en comunidades online, meetups y grupos de interés. El networking activo genera oportunidades inesperadas.
  4. Reflexiona en ciclos cortos. Cada 3–6 meses, revisa logros, frustraciones y nuevas metas. Ajusta el rumbo con sprint reviews personales.
  5. Abraza la experimentación. Propón proyectos piloto o job shadows. Fallar rápido y aprender más rápido aún es la mejor estrategia.

5. Conclusión: tu mapa, tus reglas

Marina ya no ve su CV como una sucesión de fechas y títulos. Lo contempla como un mosaico dinámico de experiencias, aprendizajes y relaciones. En un entorno VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo), gestionar la carrera como una narrativa flexible es la mejor inversión que podemos hacer.

¿Estás listo para redibujar tu mapa profesional y aprovechar cada bifurcación como una oportunidad de crecimiento?

(1) Nota: “Marina” es un personaje ficticio creado como recurso narrativo para ilustrar cómo gestionar una carrera profesional de forma no lineal.

¿Qué tienen que ver cantar y la esperanza con tu vida diaria? Más de lo que imaginas.

Esta semana, mientras leía sobre cómo cantar activa los cuatro lóbulos del cerebro —sí, todos: frontal, parietal, temporal y occipital— pensé en lo sencillo que es olvidarnos de que el bienestar no siempre se conquista con grandes gestos, sino con actos cotidianos, casi invisibles. La neurociencia muestra que cantar, incluso si lo hacemos mal, fomenta la neuroplasticidad: ayuda a crear nuevas conexiones neuronales, mejora el lenguaje, la memoria y la gestión emocional. Dicho de otra manera: tu cerebro literalmente cambia cuando entonas una canción.

Pero hay algo más. Cantar, como cualquier acto creativo, nos recuerda que no todo tiene que estar orientado a la productividad. No cantamos para “lograr” algo, cantamos porque nos conecta con algo más grande, con los demás, con nosotros mismos. En un mundo que nos empuja a optimizar cada minuto, cantar es un acto subversivo.

Y aquí entra en escena la segunda idea que quiero compartir contigo. El filósofo Byung-Chul Han advierte del peligro del “culto a la positividad”: esa presión por “ser feliz” a toda costa que acaba aislándonos, volviéndonos incapaces de ver el dolor de otros. Confundimos felicidad con anestesia emocional. Él propone otro camino: la esperanza. No la esperanza ingenua que niega la dificultad, sino la que la acepta y, aun así, decide seguir adelante.

El coaching que practico se sitúa justo en ese cruce: entre lo que la ciencia demuestra que cambia nuestro cerebro y lo que la filosofía nos recuerda que cambia nuestra alma. ¿Qué prácticas podrían ayudarte a cultivar esperanza real y no solo “pensamiento positivo”? Quizás empezar a cantar de nuevo, aunque no lo hayas hecho desde la infancia. Quizás dejar de exigirte estar siempre “bien” y permitirte estar simplemente humano.

Te invito a que esta semana te hagas dos preguntas:

  • ¿Qué pequeño acto puedo hacer que me devuelva la conexión con mi propio cuerpo y mi mente?
  • ¿Qué gesto puedo ofrecer a los demás que lleve esperanza y no solo frases hechas de ánimo?

Porque cantar, cocinar, escuchar, o simplemente estar presentes son cosas pequeñas. Pero, juntas, tejen algo inmenso.