El despido interior

La huida interna, el exilio interior, el repliegue son conceptos psicológicos aplicados a la vida personal.

Los alemanes fueron los primeros en extrapolar este fenómeno al mundo laboral: el Despido Interior. El Despido Interior se define como “la renuncia a poner empeño en el trabajo”.
Despido interior

El Despido interior es el resultado final de un largo y complejo proceso de vivencias negativas, hasta el punto de que la diferencia entre las expectativas previas y la realidad se hace tan grande que genera una acumulación de dolor y decepción insoportable que lleva a la resignación laboral.

El Despido Interior se activa después de un cúmulo de decepciones que desencadena un montón de pequeños cambios. El trabajador se distancia de sus funciones sin llamar la atención y pasando inadvertido, evitando conflictos. Se autoaísla.

Es un proceso lento, sutil, silencioso e invisible que puede llevarnos a un malestar insostenible, porque la suma de estos pequeños cambios cotidianos, en un período de tiempo largo, tiene un impacto importante y drástico en nuestra vida.

El Despido Interior no llama la atención de nadie, ni de la persona que lo vive ni de las personas que la rodean. La persona que lo padece ejecuta todo de forma mecánica y rutinaria, apagada a nivel mental y emocional. Se siente rara, una especie de fantasma, un ser invisible, un zombi un vegetal; considera que lleva una vida amorfa.

Todos podemos padecerlo en algún momento de nuestras vidas, pero quienes están en riesgo suelen ser personas que tenían mucha ilusión, que quisieron entregarse al máximo a algo que les era muy importante. Son personas que tienen un gran sentido de la contribución y dedicación. Demuestran un nivel de autoexigencia alto y tienen mucha ambición porque sueñan con lo mejor y quieren conseguirlo, aspiran a los más grandes retos.

Elementos que  desencadenan el Despido Interior

Los elementos que desencadenan el Despido Interior pueden ser internos o externos, y todos ellos tienen en común que no cumplen nuestras necesidades universales de realización, reconocimiento y contribución.

1) Realización: nos sentimos realizados cuando podemos a través de nuestras responsabilidades desarrollar nuestras habilidades y capacidades, expresar nuestra creatividad, compartir nuestra opinión y asumir riesgos.

2) Reconocimiento: el reconocimiento nos conecta con los demás. El reconocimiento se genera a partir de la valoración del otro, de lo que hacemos, el apoyo que nos traslada, el respaldo que nos da o la atención que nos proporciona.

3) Contribución: contribuir con algo más grande que nosotros. Dar un sentido a lo que hacemos, encontrar un significado.

Cuando no existe un equilibrio entre estos tres ejes se activa el Despido Interior desde dos tipos de disparadores: internos y externos.

Los disparadores: internos y externos.

Los disparadores externos influyen en las personas y en sus relaciones. Los disparadores pueden provenir del entorno organizacional de la propia organización y de la sociedad.

Los disparadores internos se basan en la relación que tenemos con nosotros mismos, como nos tratamos, y las relaciones que tenemos con lo que más valoramos. Los disparadores internos nos desestabilizan desde dentro, nos vuelven más vulnerables. Los disparadores internos son:

  • Aparcar nuestros sueños
  • Dar la espalda a nuestros valores o principios
  • Mantener un desequilibrio entre nuestras esferas de vida
  • Jugarnos una mala pasada por nuestros prejuicios

Del Despido Interior al Despertar Interior.

El verdadero primer paso para salir del Despido Interior consiste en nuestra propia necesidad de mejora. Lo cierto es que cuanto más lejos hayamos llegado, más apoyo necesitaremos y de todo tipo. El camino de vuelta será costoso y estar acompañado –por la familia, amigos, compañeros, ayuda profesional, coach – es clave para facilitar la remontada.

El camino de vuelta no pasa por soluciones o recetas “mágicas”. Consiste más bien en pequeños gestos cotidianos que nos ayuden a grandes cambios a nivel de pensamiento y comportamiento. Algunos de estos pequeños gestos son:

  • Soy mis sueños: conectar de nuevo con mis sueños. Mi visión
  • Tengo una razón de existir: vivo de acuerdo a mis valores (Mi proposito, mis valores)
  • Me entrego a mi para entregarme mejor a los demás: me comprometo conmigo mismo (acciono)
  • Desvelo mi fuerza interior: fuerza de voluntad y disciplina (soy el protagonista)
  • Soy una fuente inagotable de energía: equilibrio entre mi mente, mis emociones, mi cuerpo y mi espíritu (coherencia y quilibrio)
  • El descubrimiento es mi zona de confort: empujarnos fuera de nuestra zona de confort (empuje)
  • Mi mejor defensa: sin defensa (apertura)
  • Mi poder de elegir: reivindicar nuestra libertad (decisión)
  • Soy mi propio agente de cartera: soy la mejor persona para saber lo que es mejor para mi (mi valor)
  • Desarrollo mi capacidad de duelo: soltar, dejar ir, hacer hueco y dejar que algo nuevo entre (recupero espacio y energía)
  • Activo mi memoria de logros y desactivo mi memoria de fracasos (balance de éxitos)
  • Desarrollo mi capacidad de resilencia: coraje de hacer frente a la realidad tal y como es (coraje de ser, capacidad para reinventarse)

“EL DESPIDO INTERIOR”
Del “Happy Hour” al “Happy Life”. Cuando nuestra infelicidad laboral nos lleva a convertir nuestro trabajo en una prisión.
Lofti El-Ghandouri
Septiembre 2007
Editorial Alienta

Entrenando el ser

Coaching es… no decirle a la gente que hacer… es más bien darles la oportunidad de examinar lo que están haciendo a la luz de sus intenciones. Como actividad genérica, tiene como finalidad identificar y disolver los obstáculos que las personas solemos encontrar en el logro de nuestras aspiraciones. Es un camino, una invitación al cambio, a ser cambiando, a pensar diferente, a revisar nuestro modelo y aprender a soltar.

“¿Cómo sería una vida que valga la pena ser Vivida?”

En coaching encontramos diferentes escuelas, una de ellas es el coaching ontológico. La palabra ontología significa estudio del ser. El coaching ontológico trata sobre el modo de ser, de estar siendo Los principios sobre los que se basa son:

No sabemos como son las cosas, solo sabemos como las podemos observar. Vivimos en mundos interpretativos.

Solo podemos operar en el mundo que podemos observar

No sólo actuamos de acuerdo a como somos, también somos de acuerdo a como actuamos, la acción genera ser.

Actuamos de acuerdo a los sistemas sociales a los que pertenecemos, sin embargo a través de la acción podemos cambiar dichos sistemas
El lenguaje es acción y a partir de él podemos crear nuestra «realidad» y la del entorno
Nuestra forma de pensar puede ser modificada cambiando las palabras que nos frenan por otras que nos impulsen

Los seres humanos obtenemos resultados (dominio del tener) dependiendo de las acciones que tomamos (dominio del hacer). Y las acciones que tomamos están íntimamente relacionadas con la manera en que nos observamos a nosotros mismos y observamos el mundo (dominio del ser). La propuesta ontológica se concentra en transformar el tipo de observador que somos, como paso previo a modificar nuestra capacidad de acción. El rendimiento y la efectividad son moldeadas por un modo de ser.

Si quieres TENER, antes tienes que HACER.
Pero para hacer, antes tienes que SER.

Los seres humanos vemos el mundo y actuamos en él desde una particular coherencia que nos abre o cierra posibilidades. Esta coherencia se estructura en base a nuestra historia, creencias, valores y se vive cómo una experiencia en tres ámbitos: el lenguaje, las emociones y el cuerpo

  1. Acerca del Lenguaje el coach procura entender cuáles son los “juicios maestros” que determinan la forma de observar y actuar del coachee. Es decir, cómo piensa acerca del mundo, de los que le rodean, del pasado, del futuro, de él mismo. Estos juicios generan sentido e interpretan los hechos cotidianos, estableciendo límites en el aprendizaje, en las acciones y generando sentido e interpretando lo que nos ocurre.

Desde este dominio también se analiza cómo conversa el coachee (Cómo propone e indaga, cómo pide y ofrece, cómo gestiona sus compromisos, cómo escucha, qué coherencia hay entre lo que piensa/siente y hace, cómo pide perdón, cómo dice NO, cómo diseña conversaciones, etc.)

  1. En cuanto a las Emociones el coach trata de conocer cuáles son las emociones básicas que caracterizan al coachee, para tratar de producir desplazamientos en las mismas que le permitan observar y hacer cosas que antes no podía. Sólo podemos hacer lo que nuestras emociones nos permiten que hagamos porque nos predisponen a actuar de una forma o de otra.

Así, por ejemplo, si nos sentimos resignados o resentidos, se nos cierran puertas y no vemos muchas posibilidades que si contemplaríamos desde la paz o la ambición.

  1. El tercer dominio de análisis e intervención es la Corporalidad, donde se observa cómo estamos “parados” en el mundo, qué posturas adoptamos, cómo nos desplazamos. Se trata de reconocer e interpretar las señales que nos manda nuestro cuerpo para que cambiando movimientos y gestos, por ejemplo, podamos conseguir los objetivos propuestos. ¿Qué acciones son posibles desde el cuerpo que tenemos? ¿Qué corporalidad necesitamos para hacer lo que queremos o para lograr nuestras metas?

Mediante sencillos ejercicios de relajación y respiración podemos, por ejemplo, predisponernos a sentir y actuar en la línea deseada.

Entre los tres dominios, Lenguaje, emocionalidad y corporalidad hay una estructura de coherencia que hace que las manifestaciones de los tres estén alineadas y se retroalimenten mutuamente. En la intervención ontológica se actúa desde cualquiera de los tres dominios, consiguiendo desplazamientos y aprendizajes en los dos restantes. En función del coachee y del tema objeto de trabajo estará más indicado trabajar en uno u otro dominio.

La intervención ontológica se basa en el principio de autonomía del coachee. Él es quien decide, quien opta y en último término quien resuelve. El objetivo es que observe la realidad desde otras perspectivas y que auto-descubra limitaciones y talentos para poder, a continuación, definir sus planes de actuación, expandiendo así su poder de acción y aprendizaje

Cambiando nuestra manera de observar el mundo y a nosotros mismos, cambiando nuestras conversaciones, re-interpretando nuestros juicios acerca de nosotros mismos y la vida, comunicándonos con los demás de una manera más auténtica y efectiva; estaremos en condiciones de tomar acciones diferentes, y por consiguiente, lograr resultados significativos.

Si no es ahora, ¿Cuándo?

Ricard Guillem
Psicólogo – Coach
www.coachingvalencia.com

EL FENÓMENO DEL CALLAR

Cuando hablamos del lenguaje pensamos que la comunicación se agota en las dos áreas de escuchar y el hablar. sin embargo, algunos fenómenos asociados al no hablar juegan un papel importante en la comunicación.

Chris Argyris hace referencia a los fenómenos del silencio y del callar y demuestra la importancia que ellos revisten en el que hacer de las organizaciones y de las relaciones. Al hacerlo, ha revelado el papel que juegan nuestras conversaciones privadas en las relaciones humanas: aquellas cosas que pensamos y no decimos.

Argyris nos muestra que cuando tenemos una conversación con otra persona, no sólo estamos en esa conversación, la que podemos llamar conversación pública, sino que estamos también en una conversación privada sobre lo que acontece con el otro. Toda conversación pública conlleva una conversación privada que se desenvuelve simultáneamente con la primera. Es más, muchas veces estamos en conversaciones privadas sin que estemos en una conversación pública, sin que se nos oiga hablar con otro.

Si queremos examinar la comunicación dentro de una empresa, no basta, por lo tanto, con prestar atención a lo que las personas dicen, ni incluso a la manera como se escuchan mutuamente. Es igualmente importante preocuparse por lo que callan, por lo que no se dicen.

La diferencia entre lo que pensamos y lo que decimos tiene un profundo impacto en la capacidad de acción efectiva de las organizaciones, distorsionando de manera muy importante la comunicación y limitando el desempeño de sus miembros y de la organización como un todo.

Las razones más frecuentes detrás de la opción del callar son emocionales. Una de ellas es el temor a las represalias. Callo porque creo que de decir lo que pienso traerá consecuencias que valoro como peligrosas, es decir, al hablar me expongo a riesgos que prefiero evitar.

Otra tipo de emoción es la que busca proteger al otro. Callo por pudor de poner en evidencia las incompetencias o los motivos estrechos del otro. Callo, no por prudencia, sino más bien por compasión.

El callar deja de ser un fenómeno aislado en las organizaciones y se convierte en patrones estables de comportamiento y parte integral de su estructura informal.