Diez cosas que puedes hacer para contribuir a la paz

1. Dedica unos momentos cada día para reflexionar sobre el tipo de relación que quieres contigo mismo y con los demás.

2. Recuerda que todos los seres humanos tienen las mismas necesidades.

3. Observa tus intenciones para descubrir si estás tan interesado en las necesidades de los demás como en las tuyas.

4. Cuando le pidas a alguien que haga algo, verifica si estás haciendo una petición o una exigencia.

5. En vez de decirle a otra persona lo que NO quieres que haga, dile lo que SI quieres que haga.

6. En vez de decirle a otra persona como quieres que sea, dile qué acciones quieres que haga para que le ayuden a ser de esa manera.

7. Antes de pronunciarte de acuerdo o en desacuerdo con las opiniones de alguien, trata de conectar con sus sentimientos y necesidades.

8. En vez de decir NO, expresa qué necesidades tuyas te impiden decir que SI.

9. Si sientes enfado, pregúntate qué necesidad tienes insatisfecha, y qué podrías hacer para satisfacerla, en vez de pensar qué hay de malo en los demás o en ti mismo.

10. En vez de alabar a alguien que ha hecho algo que te gusta, demuestra tu agradecimiento mencionándole qué necesidades ha satisfecho su acción.

http://www.comunicacionnoviolenta.com

Vacaciones mentales

 

«El arte de descansar,
es una parte del arte de trabajar»
John Ernst Steinbeck

 

Pasar las vacaciones en una fantástica playa o en una gran ciudad no imposibilita que el cerebro se fugue a septiembre y adelante la vuelta al trabajo, boicoteando el esperado descanso estival Para remediarlo, lo mejor es viajar a través de uno mismo en lugar de confiar en que la mente se relaje por el mero hecho de desplazarse a otro punto. Las vacaciones siempre empiezan en el mismo punto: en tu mente. Si no es así, no hay vacaciones que valgan.

Empiezan en la mente porque ahí se desarrolla el verdadero viaje, en el que descansas de lo habitual y saboreas otras sensaciones, lo cual no sólo es saludable, sino necesario. En la práctica, viajar a través de uno mismo da mejor resultado que desplazarse físicamente a otro lugar.

Las vacaciones son para muchas personas una representación idealizada del bienestar. Sin embargo, para conseguir las vacaciones mentales hay que dar rienda suelta a lo que pide el cuerpo en lugar de adaptarse a las exigencias del contexto. No tanto para buscar el placer inmediato sino para profundizar en las emociones y en los sentidos, experienteando formas furturas de crecimiento. Las vacaciones mentales consisten en dejar de pensar exclusivamente con el cerebro y escuchar también al corazón.

 

“Las vacaciones mentales vendrían a ser
algo así como salirse del yo rutinario y
darse vacaciones de uno mismo”
Mertxe Pasamonte


Algunas propuestas para que nuestra saturada mente sea la primera en estar de vacaciones:

 

  1. Suelta tus rutinas habituales: Descansa un poco de horarios estrictos y de tareas inexcusables. Levántate por la mañana y desconociendo de qué modo transcurrirá el día. Déjate fluir en la dirección que marque el corazón, retando a la inercia y rutina, haciendo lo que apetezca en cada momento.
  2. Relaja tu cuerpo: Camina más despacio, come más despacio, respira más despacio… Echa el freno.
  3. Piensa en lo agradable: Céntrate en lo alegre, en lo tranquilo, en lo que te haga sentir bien.
  4. Haz algo nuevo: Relajante o excitante, pero nuevo.
  5. También decídete a realizar cualquier actividad que hasta ahora no te atrevías (puenting, karaoke..) , cualquier cosa que contribuya a superarte, y te haga sentirte muy vivo.
  6. Para que la mente logre descansar es preciso poner los cinco sentidos en el momento en el que se vive y en cada una de las actividades que realices. Saborea cada minuto de las vacaciones.
  7. Si no puedes ir de vacaciones, haz que las vacaciones vengan. Exacto. No tienes que desplazarte a ningún lugar específico para disfrutar de unos días de descanso.

http://www.mertxepasamontes.com/vacaciones-mentales.html
http://www.guiacuerpomente.com/2011/07/18/vacaciones-mentales-ampliar-el-mapa-mental/

Decálogo contra el estrés

El psiquiatra Fernando Sarráis incluye en su libro ‘Aprendiendo a vivir: el descanso» un decálogo contra el estrés.

1.Distraerse con actividades lúdicas, pues disfrutar es necesario para el descanso mental.

2.Desconectar mediante viajes, ya que la distancia física suele ir acompañada de la distancia mental.

3.Cambiar de actividad periódicamente, para descansar de una actividad con otra actividad que sea menos estresante.

4.Estar de buen humor: la risa va unida a un sentido más festivo de la vida y, por tanto, ayuda a desdramatizar las responsabilidades.

5.Pedir ayuda y consejo a personas del entorno: nos cansamos menos si repartimos el peso.

6.Delegar parte de las responsabilidades.

7.Confiar en los demás: la desconfianza lleva a un control excesivo y obsesivo del entorno, que es agotador.

8.Poner orden en el sentido de responsabilidad: dar más importancia a la responsabilidad de ser feliz que a la de ser perfecto o tener éxito.

9.No tratar de demostrar el valor personal con el cumplimiento exacto de cada cosa que se hace; el perfeccionismo es extenuante.

10.Aprender a decir ‘NO’ -sin sentirse mal- a nuevas responsabilidades mientras no se acaben las anteriores, porque tener COSAS PENDIENTES cansa más que hacerlas.

El descanso “depende de la realización de algunas actividades que promueven emociones positivas y neutralizan las negativas”. Entre éstas propone el ejercicio físico; disfrute de los sentidos, especialmente visuales (televisión, cine, fotografía, espacios abiertos …), disfrutar de imágenes bellas, olores agradables, temperaturas acogedoras, silencio o sonidos tranquilizadores, la música, el cine, la lectura, los juegos, excursiones y viajes, la contemplación de cosas ‘buenas y bellas’, como un paisaje, niños jugando, el mar…, la familia y los amigos, aficiones, fomentar la risa y el buen humor, las manualidades y los arreglos, la jardinería , las mascotas y animales de compañía, la meditación“.

“Hay que aprender a desconectar, que significa dejar transitoriamente de pensar, recordar, imaginar y sentir la responsabilidad por las tareas que se realicen”. “No sentirse el único responsable de la tarea (compartir el peso y delegar), aceptar con buen humor el fracaso en ese trabajo, no hacer depender el valor o el prestigio personal de la realización perfecta de las tareas, y desprenderse emocionalmente de la opinión que puedan formarse los demás cuando juzguen cómo desempeñamos nuestros trabajos

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