Gestionar adecuadamente los sentimientos organizativos

Las organizaciones hoy en día reclaman lideres que sepan conectar positívamente, de forma optimista, con la gente que con ellos trabajan. Si ese vínculo falla, la más sólida de las empresas acabará por venirse abajo.

Medidas que pueden tomarse para gestionar adecuadamente los sentimientos organizativos.

  1. Transmitir únicamente lo que los demás pueden asumir.
  2. No descargar “tormentas” o inquietudes interiores ante quienes nada pueden hacer para resolverlas.
  3. Decir siempre aquello que ayuda.
  4. Comunicar con claridad, huyendo del doble lenguaje, de las “agendas ocultas”.Rutinas defensivas.
  5. Manifestar entusiasmo por las ventajas ajenas, superando la envidia que en algunos producen los éxitos ajenos.
  6. Mantener la visión positiva en las situaciones difíciles. De diez amenazas sólo se cumple una. Preocuparse por las diez y trasladar esa intranquilidad a los demás es superfluo y dañino.
  7. Aceptar que no todo puede salir bien, que el mundo no está hecho a nuestro gusto.
  8. Aceptar que los demás tienen visiones de la realidad que no coinciden con la propia y que no por eso están equivocados.
  9. No empeñarse en medirlo todo. ¿Cuánto vale el buen tono en una oficina? Quizá no sea mesurable, pero en el corto, el medio y el largo plazo la cuenta de explotación se ve afectada positivamente.
  10. No pensar que los demás son enemigos, o prejuzgar sus malas intenciones. Ser ingenuo puede facilitar exceso de confianza; ser quisquilloso aleja del trato sincero y productivo.

(Feelings Management. La gestión de los sentimientos organizativos. ISAVIA)

El contexto lo es todo: el ser y la nada

En el juego de la vida el ser humano tiene la doble condición de contexto «ser» y contenido «manifestación».

Lo que creemos que somos limita o expande nuestras posibilidades. Operamos en nuestras vidas identificándonos con el cuerpo, los pensamientos o las emociones. En la medida en que demos por cierto que somos alguna cosa, nos vamos a adherir, a identificar con eso y eso nos va a controlar. El ser que soy tiene pensamientos, emociones y un cuerpo, en cambio yo no soy mi experiencia, soy el que tiene la experiencia. Soy contexto, todo lo demás es contenido. Soy el que sostiene el con
tenido.

El ser sería el contexto, los pensamientos, le físico, las emociones, el contenido. El ser no es alguna cosa, Heidegger lo llama “la nada”. La nada como posibilidad del todo.Es difícil captar que somos nada, “no cosa”. La mente sólo entiende y puede captar cosas. Si me pregunto ¿quién soy? La mente tiene un motón de respuestas en relación a que soy algo (mujer, alto, somático…). Si me identifico con algo me pasaré la vida, por supervivencia, defendiendo ese algo y eliminaremos las restantes posibilidades. Si soy nada, la mente lo vivencia como la muerte.La mente va a resistir esto porque quiere que nos identifiquemos con algo. Ella quiere persuadirnos para sobrevivir, de modo que somos alguna cosa que cae dentro de sus categorías.

Las posibilidades existen cuando capto que no soy nada. Cuando entiendo que no soy nada todo es posible.

Si me quedo con la posibilidad de que no soy nada, hay todo, porque él único espacio que puede contener todo es la nada. El contexto que permite el todo como contenido es la nada.

Mientras sea algo no puedo se otra cosa, si soy algo, solo puedo ser algo, no puedo ser otra cosa, ese algo puede ser solamente ese algo. No hay posibilidad en ese algo, solo unas pocas opciones.

En los momentos de la vida en que todo funciona, es porque mi manera de ser era la que se requería. Pero lo que se requiere en la vida va cambiando. Cuando dejo de funcionar es porqué no estoy siendo el que tengo que ser.

“Cuando conocía todas las respuestas me cambiaron las preguntas” Benedetti

Nos podemos transformar, podemos ser de la manera que tengo que ser para lograr lo que quiero; porque soy nada, que significa que puedo ser todo, porque la nada es el único espacio que puede contener el todo.

El ser es un contexto, un espacio, no es una cosa. La distinción entre contexto y contenido permite que la relación que yo tengo conmigo mismo se transforme si yo paso a tener experiencias en lugar de ser mi experiencia.

Al experimentar mi ser como nada, puedo comenzar a comprender que soy todo. El contexto es todo. Si la mente me limita a algo, a su realidad, pierdo un potencial enorme de lo que la vida podría ser para mi.

Responsabilidad y protagonismo

La mente tiene una diversidad de interpretaciones de lo que es la responsabilidad; una de ellas es interpretarla como culpa, como falta; o sus opuestos, como crédito o mérito. La culpa es el precio automático que pagamos cuando nuestras acciones no coinciden con nuestras creencias respecto a como deberíamos comportarnos.
Hay otra interpretación de control. Un lugar habitual desde donde operamos es el lugar del control. Algunas veces cuando decimos que somos responsables por algo, lo que estamos queriendo decir es que estamos en control de eso, que estamos a cargo. La gente que opera desde el control se la pasa justificando, racionalizando y manipulando; se manipulan a ellos mismos, a otras personas, para poder quedarse en control.
Una tercera interpretación irresponsable de la responsabilidad ocurre cuando la confundimos con el deber o la obligación. Nos pasamos la vida operando desde un contexto en el cual todo en la vida es percibido como una obligación, un tengo que, y finalmente llega la gota que rebasa el vaso, la última y explota todo.

Esteban Pinotti, en su libro Coaching ontológico, considera estas tres interpretaciones de la responsabilidad irresponsables y plantea el concepto de responsabilidad integral.
La responsabilidad integral, ya sea individual o colectiva, es la habilidad de responder ante los desafíos que representan las circunstancias en las que se desenvuelve nuestra vida. Habilidad para generar una respuesta,  y significando que sea lo que fuere que pase en el mundo, yo tengo algo que ver.
Estamos en una cultura que promueve que todo el mundo se sienta víctima. Pero hay que pagar el precio de renunciar a echar la culpa y tomar conciencia del protagonismo que ejercemos en nuestras vidas.
Demasiadas veces, la inercia en la que vivimos, nos previene de la responsabilidad y nos lleva a interpretaciones irresponsables de la responsabilidad, que nos impiden tomar conciencia, y nos quedamos sin ningún poder para responder ante las circunstancias.
El primer paso para desarrollar el poder personal es abandonar la postura de víctima y adoptar una postura responsable frente a todos los acontecimientos en la vida. El poder personal es la habilidad de responder poderosamente ante las circunstancias. El poder personal tiene que ver con un papel de protagonismo en la propia vida, con hacer que ocurra lo que queremos que ocurra, con la responsabilidad integral.
Las historias de víctimas son poco efectivas porque auspician las quejas frente a las circunstancias y previenen la declaración responsable de una oportunidad de aprendizaje.
Entre el deseo de cumplir con un objetivo y realmente llegar a un resultado puede existir un largo camino. Todo camino a un resultado se encuentra empedrado de infinitas variables y eventos. El tipo de observador que seamos de las circunstancias es lo que nos definirá entre situarnos en el área de víctima o en el área de protagonista.
Muchas veces estamos ciegos al área en la que estamos situados, principalmente cuando estamos siendo víctimas de las circunstancias. Lo que determina este conocimiento, este «darse cuenta» es el nivel de conciencia en el que estemos.
Distinguimos ocho pasos para alcanzar una actitud protagonista:
ESCALERA DE PROTAGONISMO
Area de Víctima
1.- Inconciencia.
2.- Echarle la culpa a otros.
3.- «No puedo» – Excusas.
4.- Esperar y Desear.
Area de Protagonista
5.- Reconocer la realidad.
6.- Adueñarse de la realidad.
7.- Encontrar soluciones.
8.- Hacer que ocurra.

Rafael Echevarria «Ontología del lenguaje»
Esteban Pinotti «Coaching Ontológico para Empresas»
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